miércoles, 26 de noviembre de 2008

Jim Quigley, de Merrill Lynch: “Nuestro modelo de negocio para América Latina consiste en la máxima diversificación posible de actividades”

Cuando la crisis financiera global llegó a América Latina, el subcontinente estaba bien posicionado para hacerle frente. Los bancos y los mercados de capitales se encontraban en una situación robusta e incluso los sistemas de pensiones estaban más fuertes que en crisis financieras anteriores, según explica James B. Quigley, Presidente de Merrill Lynch para América Latina y Canadá. ¿Cómo deberían los inversores responder a la volatilidad de los mercados de acciones y de activos? En una entrevista con Knowledge@Wharton, Quigley, un veterano de Wall Street con 26 años de experiencia, explica cuál es la estrategia de la empresa para América Latina y por qué sería un error adoptar una postura ultraconservadora.

Knowledge@Wharton: ¿Cuál ha sido el impacto de la crisis financiera en las economías de América Latina?

James B. Quigley: Por primera vez en mis 26 años de carrera en Wall Street, el sector financiero de América Latina está bien posicionado para hacer frente a la crisis. Los bancos están bastante bien capitalizados, los mercados de capitales locales se mostraron, en general, activos con un buen nivel de formación de capital, y el sistema de pensiones está mucho mejor desarrollado que lo estaba en la crisis de 1997-1998. Estos factores han ayudado a aislar a la región protegiéndola de la volatilidad que hemos observado en el pasado.

Pero el hecho es que la crisis financiera se ha extendido y se ha hecho global. Se está poniendo en duda los pronósticos hechos respecto al crecimiento del PIB alrededor del mundo, incluyendo China. Esto ha tenido un fuerte impacto en los precios de las commodities y de los activos reales. Para bien o para mal, Brasil, que ha sido la estrella de América Latina, acabó asociando su economía a la producción de commodities. El hecho es que su economía está mucho más diversificada de lo que parece. Esa asociación fue una idea excelente cuando estaba creciendo, pero hay muchos inconvenientes cuando los precios de las commodities están cayendo. De todas las OPVs realizadas con éxito en Brasil en los últimos 12 a 18 meses, yo diría que todas menos quizás cuatro están por debajo de las expectativas.

Knowledge@Wharton: ¿Cuál el significado de ese mercado para los inversores y para los mercados de capitales del mundo? ¿De dónde procederá el capital en el futuro?

Quigley: El paquete de rescate del Congreso puede ayudar, y también las iniciativas de los gobiernos en otras partes del mundo. Pero en realidad la acumulación de títulos no negociables en este momento está atascando el sistema. No me gusta simplificar las cosas en exceso, pero si usted fuera un fontanero y estuviera limpiando el desagüe, tendría que limpiarlo todo para que el sistema pudiera volver a funcionar; en este punto es donde se encuentran los mercados de capitales en estos momentos. Así que la habilidad de las autoridades para darle liquidez el sistema, sacando de la inercia a los mercados de capitales, el resultado será muy positivo. Hay dinero ahí fuera; hay liquidez en el mundo. Poner esa liquidez en movimiento significa, sobre todo, dar confianza en el sistema, y necesitamos que ésta vuelva como una precondición para devolver liquidez al sistema.

Knowledge@Wharton: En términos de crecimiento, ¿en qué lugar se encuentra América Latina respecto a las economías BRIC (Brasil, Rusia, India y China)?

Quigley: Si usted observa el perfil demográfico de América Latina—la edad de la población, la clase media, el crecimiento del mercado de la vivienda , el aumento de la sofisticación de los mercados de capitales locales, los fondos de pensiones, el incremento de las inversiones directas extranjeras, etc—verá que si se juntan las principales economías de América Latina y se consideran una región respecto a Oriente Medio, China, India y algunos mercados en crecimiento como los que acaba de mencionar anteriormente, será posible observar en un gráfico que ellas destacan como una alternativa obligatoria de inversión para empresas como Merrill Lynch. El perfil demográfico en lugares como México y Brasil es extremadamente positivo bajo un punto de vista de largo plazo. La población joven cada vez está más formada en estos países. También cuentan con clases medias en franco crecimiento, mercados de financiación al consumidor y economías locales en expansión.

América Latina ha ganado mucha fuerza como región de inversión en los últimos cuatro o cinco años. Sin embargo, ha sido víctima, en gran medida, de la asociación que se hace de las economías locales a la producción de commodities. Ahora mismo lo que está pasando en el mercado es una reacción un poco visceral. Con la caída de los precios de las commodities — algo previsible en la medida en que el mundo camina hacia una recesión global —, el impacto no podría dejar de ser grande sobre los mercados de capitales latinoamericanos en ritmo de deflación.

Knowledge@Wharton: Teniendo en cuenta su punto de vista sobre las economías latinoamericanas, ¿cuál sería su modelo de negocio para la región?

Quigley: La idea de que América Latina es un espacio homogéneo no se sostiene. Tenemos un modelo de negocio en América Latina que considero muy diferente de los demás modelos de negocios de las empresas financieras. No adoptamos una estrategia centrada en Brasil. En el contexto actual — en el que Wall Street y las empresas de servicios financieros no disponen de mucho capital — es tentador poner todas las fichas en Brasil en busca de ingresos y de margen, evitando con eso grandes riesgos en otras partes. Pero lo que no falta en la relación de Wall Street con América Latina son modelos de negocios fracasados.

Lo más importante, en mi opinión, es garantizar que todo aquello que hagamos, incluso en tiempos de crisis, sea sostenible en los diversos ciclos. Por tanto, en vez de buscar una estrategia de negocios muy dependiente de un tipo de activo o de un país, decidimos los últimos años construir un modelo de negocio común a todos los países latinoamericanos. Abrimos una oficina en Bogotá; adquirimos una correduría con 106 años de actividad en Chile. Reabrimos nuestra correduría de valores en Argentina hace un año, y actualmente es la más importante del mercado. Proporcionamos, por primera vez en la historia de la empresa, servicios bancarios para un subconjunto de clientes en la zona del Caribe, en América Central. Nuestras actividades en México triplicaron de tamaño en tres años. Creo que, a largo plazo, las oportunidades en México son enormes.

Integramos nuestro negocio de gestión de fortunas (wealth management) en América Latina a nuestros negocios institucionales. La estructura de la propiedad corporativa en América Latina consiste en empresas familiares y pequeñas empresas particulares. De ese modo, la sinergia resultante de la conexión entre el wealth management y los negocios conectados a los bancos de inversión es más pronunciada que en cualquiera otro lugar del mundo.

Pero las geografías son muy diferentes. Cuando compramos la correduría de Chile, me reuní con funcionarios públicos de alto rango. No fue una gran adquisición financiera, pero fue muy importante para los chilenos. Todos me preguntaban si los banqueros que cubrirían Chile estarían en Sao Paulo. Era uno pregunta retórica porque ellos no querían que se les sirviese desde Brasil. Sao Paulo se ha convertido, para bien o para mal, en el centro financiero de América Latina, pero yo no veo la región como un espacio homogéneo. Se trata de una serie de espacios distinguidos que requieren los servicios de bancos diferentes y en una escala muy amplia. Esto significa que nuestro modelo de negocio requiere diversificación en las diferentes industrias, clases de activos y línea de negocios, de manera que podamos atenuar la volatilidad de las ganancias obtenidas en esos ciclos.

Knowledge@Wharton: ¿Cuál es la estrategia de Merrill Lynch en los diferentes mercados de América Latina?

Quigley: En México los mercados locales de renta fija están bien desarrollados. Los mercados de renta fija constituyen nuestros mercados principales en la región. Los mercados de capitales en México no se han desarrollado. El año pasado, hubo probablemente 85 o 90 ofertas públicas de acciones en Brasil y, en México, menos de cinco. La formación del mercado de capitales en México es un problema en gran parte debido a la naturaleza familiar de la economía, y a la falta de disposición por parte de las mismas a ceder parte de la propiedad de sus empresas. Además, han surgido varios grandes monopolios que se hicieron dueños de partes considerables de las empresas. En algún momento esto tendrá que acabar para que se abran los mercados. Para nosotros, México es, sobre todo, una oportunidad en el segmento de FICC — Renta Fija, Cambio y Commodities.

En Brasil, el mercado está mucho más diversificado. Los mercados de capitales eran muy fuertes hasta hace unos meses. Había la posibilidad de generar numerosos ingresos a través de OPVs, ventas directas de acciones a particulares, private equity. Los mercados de renta fija florecieron de forma extraordinaria. Desarrollamos allí un negocio muy grande, próspero y estable de renta fija, cambio y commodities.

En Argentina, el perfil de los negocios es diferente. Actuamos en el área de corretaje de acciones, renta fija y banca de inversión, y todos van muy bien, pero no en la misma escala de lo que tenemos en Brasil. Lo que tenemos en Argentina — y no tenemos en muchos otros países — es un negocio de gestión de patrimonio neto elevado (high net worth wealth management) de mucho éxito.

Chile es un mercado sofisticado. Tenemos una correduría de valores mobiliarios con buena capacidad de ejecución de servicios financieros, pero hay un exceso de bancos en el mercado, y los márgenes son muy estrechos. Nuestra oficina en Santiago es nuestra punta de lanza para los territorios chileno y peruano. Usamos Panamá como plataforma para la zona del Caribe, en América Central, donde hemos identificado 95 empresas para las que suministramos nuestros servicios de banca de inversión.

Knowledge@Wharton: ¿Cuál es el enfoque de la banca de inversión en América Latina?

Quigley: Ésa es una buena pregunta. Hay una divergencia de opinión en la industria sobre cómo hacer eso. El modelo de operación estándar en Wall Street para el sector de bancos de inversiones en América Latina consiste en cubrir las grandes empresas multinacionales de gran capitalización de mercado y capturar los flujos transnacionales que están surgiendo entre Brasil, India, China, Rusia y Oriente Medio. Nosotros proporcionamos cobertura de las relaciones de gestión a un subgrupo de esas multinacionales que hemos establecido como clientes prioritarios.

Lo que realmente es una gran oportunidad en América Latina, desde mi punto de vista, es proporcionar servicios bancarios de forma competente y sostenible a los sectores de pequeña y media capitalización de mercado en las economías locales. Es ahí donde vamos a encontrar líderes emergentes de diversas industrias. Por supuesto, es fácil identificar esas empresas en un mercado fuerte donde están teniendo lugar exitosas OPVs; es menos obvio identificarlas en un mercado donde hay mucha inercia, como la que nos encontramos estos días. Pero el sector de pequeñas y medianas empresas latinoamericanas tiene el potencial para convertirse en fuente de mucha riqueza en el futuro próximo. También sirve para plantar las semillas que darán origen a futuros clientes de gran capitalización de mercado.

Knowledge@Wharton: Podría explicar, por favor, ¿cuál es la estrategia de gestión de riqueza de la empresa en la región?

Quigley: En este momento, el modelo es predominantemente internacional. Tenemos cerca de 60.000 millones de dólares en activos de patrimonio neto elevado cuya gestión se hace en Nueva York, Miami, San Antonio, Houston, San Diego y en algunos otros lugares. Tenemos que desarrollar sistemas de suministro de servicios para clientes particulares locales que nos permitan obtener una tajada mayor de la cartera de patrimonio neto elevado. Se trata de un sector en crecimiento que necesita productos locales como complemento al modelo internacional. Esa es, en mi opinión, la oportunidad de crecimiento más sólida que tenemos en América Latina. La región destaca en el mundo como una de las que el grado anual de creación de riqueza supera al de muchas otras partes del mundo. Esa tendencia se ha confirmado y creo que se acelerará en el futuro.

Knowledge@Wharton: ¿Cuáles son sus preocupaciones acerca de las inversiones en América Latina?

Quigley: Una de las cosas que me han preocupado un poco es la historia de amor que el mundo tiene con Brasil. Por supuesto que de entrada debo aclarar lo siguiente: No hay duda de que dentro del contexto latinoamericano, nadie ofrece más oportunidades que Brasil. Es la gran pieza del puzzle de todas las empresas. Para nosotros, Brasil representó del 35% al 36% de nuestros ingresos totales en América Latina. Para la mayoría de nuestros competidores fue, quizás, más del 50%.

Cuando viajas a Oriente Medio, China, Singapur, Japón, Rusia u otros mercados en crecimiento, y hablan sobre la posibilidad de incrementar su colocación de activos en América Latina, esto lleva inmediatamente a la conversación acerca de qué pueden comprar en Brasil. Así que, para mucha gente, la tesis de invertir en América Latina significa poner una parte de su dinero en Brasil. Esto me preocupa porque ha creado una distorsión del mercado.

Knowledge@Wharton: Una pregunta final: ¿Qué consejos le da a sus clientes hoy en día?

Quigley: Es fácil en un ambiente como éste adoptar un comportamiento extremadamente conservador. El primer trabajo que tuve en Merrill Lynch, cuando me incorporé en enero de 1983, consistía en traer a casa un portafolio de obligaciones de propiedad de una empresa de seguros de EEUU. Eran conocidas como Obligaciones de Descuento de Emisión Original, porque el valor de los cupones era muy bajo; así pues, los precios eran también muy bajos. Los cupones eran prácticamente negociados a precio cero, y eso en una época en que la obligación a largo plazo era negociada a un 14%, y la nota de diez años a un 12%.

Fui a casa y comencé a ojear aquel catálogo de obligaciones con cupones del 2%, 3%, 4% y 5%. Me acuerdo que me rasqué la cabeza y me hice la siguiente pregunta: “¿Quién compraría una obligación con un cupón del 2%, 3% o 4%?” Y, sin embargo, ésa es la situación actual: los cupones de títulos del gobierno y otros tipos de títulos se encuentran en niveles de porcentajes parecidos. La postura actual, por tanto, es de extremo conservadurismo. La tendencia es colocar el dinero debajo del colchón y esconderse.

Empíricamente, si analizáramos los ciclos de inversiones en el transcurso del tiempo — aunque debo admitir que la situación actual es muy diferente de otras que he visto en mis 26 años de carrera en Wall Street — creo que invertir a largo plazo es una buena idea. Se pueden captar valores muy grandes.

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