lunes, 29 de junio de 2009

Un sector que necesita remiendos

Por: Julio Escalante Rojas
Cuando comenzó la crisis financiera internacional, lo primero que hizo la empresa Western Cotton, dedicada a la producción de hilados para el mercado interno y para el uso de los confeccionistas exportadores, fue dejar de producir y parar sus plantas. Primero las más antiguas que tenían un costo mayor en energía y mano de obra. Pero, como no podía parar de la noche a la mañana, fue en diciembre cuando definitivamente cerró dos tercios de sus operaciones y despidió a 800 personas. “Ya no había pedidos y teníamos gran cantidad de stock”, dice su gerente Pedro Manzur.
Sin duda, este caso no es aislado. La misma situación ha golpeado a todas las empresas de textiles y confecciones en diferentes grados. El epicentro fue la crisis financiera que remeció la economía de Estados Unidos, el principal cliente de los exportadores nacionales. Poco a poco los pedidos del gran mercado estadounidense se redujeron para el sector y sus proveedores. Sin embargo, la industria de textiles y de confecciones, según los entrevistados para este reportaje, arrastran otros graves problemas. Por un lado está la masiva importación china que ha cubierto el mercado local con precios que a los productores nacionales se les hace difícil competir (se está tramitando actualmente un pedido de salvaguardias ante Indecopi) y la caída del mercado venezolano (por los cambios en el régimen de tipo de cambio y una disminución del poder adquisitivo del país, tan dependiente del petróleo), al que sobre todo las pequeñas empresas habían accedido.
En los últimos años, Venezuela se había consolidado como el segundo mercado de exportación de confecciones. Y las empresas que les prestaban servicios o producían accesorios también han caído. “Si este mercado se cierra por completo, como está sucediendo, todos los abastecedores de productos alternos quedarán sin mucho trabajo”, dice Manzur.
“Venezuela se había convertido en un mercado clave, hasta que nos dejaron de pagar”, dice Jorge Germaná, gerente de Portafolio Textil, una empresa que vende productos de algodón al exterior con su marca y que también confecciona para otras compañías. Lo primero que hizo Germaná fue reducir sobrecostos y también casi la mitad de su personal (de 50 ha pasado a tener no más de 30 trabajadores). Lo siguiente ha sido mejorar diseños para dar mayor valor agregado a sus productos y diferenciarse. “Nos estamos aliando con nuestros proveedores, más que nunca, trabajando ya colores para la temporada de verano”, explica.
Para el presidente del comité de confecciones de la Sociedad Nacional de Industrias (SNI), José Luis Peroni, los problemas del sector se dan porque se trata de una industria dividida, pues las empresas que exportan no venden en el mercado local y las que producen para la venta en el país casi nunca llegan a exportar.” Y eso está mal, porque un país solo puede ser exportador cuando tiene un mercado nacional fuerte y sano (en el que no haya dumping, subvaluación, contrabando). Y en el Perú no existe un mercado sano”, dice.
CAÍDA EN CADENA
Según Roberto Molero, gerente del Comité de la Pequeña Empresa de ÁDEX, la caída en las ventas de las empresas que exportaban, sobre todo a EE.UU., ha ocasionado que sus proveedoras reduzcan sus expectativas de invertir en la renovación de sus maquinarias y otras innovaciones.
¿Qué hacer? Producto de la bonanza de la industria en estos últimos años las empresas han estado más interesadas en todo lo referente a la producción y no en el lado comercial: ¿cómo llegar a más clientes y a mercados alternativos? Molero sugiere que ahora es cuando las empresas deben mirar a lugares donde el comercio sea más sostenible, donde las reglas de juego no sufran variaciones, como Chile, Colombia y Argentina. Para el caso del comercio exterior, en estos tres países se manejan mecanismos convencionales de pago, como las cartas de crédito. Sin embargo, el empresario peruano que exporta a Venezuela, Ecuador o Bolivia, en especial el de Gamarra, está más acostumbrado a negociar basado en la confianza. ¿Y si alguno falla?. “La capacidad de gestión es limitada”, dice Molero.
¿Qué opciones les quedan a las empresas si el consumo de los mercados no es el mismo de las épocas de auge? El profesor de ESÁN Estuardo Lu dice que la ventaja del sector es la tercerización de servicios que puede ayudar a las empresas a capear este mal momento, pues dejarán de tener un costo fijo en costo de planillas y maquinaria. “Es mejor tener una cadena eficiente a tener una empresa que lo haga todo”.
Pero parece que los cambios en el sector no sucederán en corto plazo. Peroni dice que los ministros reclaman a las empresas confeccionistas salir a buscar mercados y diversificarse, pero eso no es nada sencillo. “Aquí lo importante es que el Gobierno respalde con medidas como las salvaguardias o un tratado de libre comercio con Venezuela al sector textil”. Por su parte, Manzur dice que a raíz de la crisis se han cerrado todas las líneas de crédito en bancos y proveedores del exterior para la compra de materia prima (algodón), “era crédito a sola firma que ya no tenemos”. Y para colmo perdieron a muchos de sus clientes en el mercado interno: “Hasta nuestros clientes de Gamarra comenzaron a importar hilados de la India porque les resultaba más barato”.
Sin embargo, es probable que una empresa más pequeña y ligera de costos pueda ser menos golpeada. Estuardo Lu, de ESÁN, dice que las empresas grandes cargan con un activo fijo que por lo general las hace más complicadas de innovar. Los pequeños con experiencia en el exterior, en cambio, pueden salir a ferias, buscar nichos de mercado, segmentos en los cuales aún se puede vender y que además pagan bien por lo que uno produce. Eso es lo que está planeando Portafolio Textil, de Jorge Germaná: “Estamos en un proceso de reestructuración en todas las áreas, porque cuando esta crisis termine, otra vez hay que salir”.
EN PUNTOS
Según la Encuesta de Hogares Especializada en Niveles de Empleo 2007: industria de bienes de consumo (elaborada por el Ministerio de Trabajo) el 33,5% de los trabajadores de la industria textil y de confecciones trabaja en medianas y grandes empresas.
La mayor parte de la industria textil concentró su producción en Lima Metropolitana, y en los departamentos de Ica, Arequipa, Piura, Huancayo, La Libertad y Puno.
Las ocupaciones de mayor demanda en esta industria son operarios de costura, operarios de máquinas textiles y ayudantes de productos terminados.

http://www.elcomercio.com.pe/