miércoles, 17 de junio de 2009

El despertar de los gigantes: Los clusters industriales están cambiando el semblante de las fábricas chinas

En los últimos 30 años, la mayor parte de los economistas han llegado a la conclusión de que las economías avanzadas son menos propensas a dejarse influenciar por compañías fuertes, de presencia individual destacada, que por ecosistemas complejos, o clusters de un segmento industrial específico. Hay evidencias de que el crecimiento económico extraordinario casi siempre exige un grupo raro de profesionales y de capital comprometido con una región geográfica en particular. Desde el punto de vista del público, eso tiene sentido —las personas suelen valorar la idea del emprendedor heroico—, pero desde el punto de vista de Wall Street, Madison Avenue y de Silicon Valley, las principales historias de éxito de las empresas americanas tuvieron lugar, por norma, no tanto por los triunfos alcanzados por individuos o empresas, y sí mucho más por la fuerza de comunidades interdependientes y regionales en el ámbito de una industria específica.
Hay evidencias de que cuando las empresas se instruyen las unas a las otras, cuando se ayudan mutuamente y buscan dar el impulso recíproco necesario, tienden a sacar provecho de la proximidad, aunque aquello que es bueno para las empresas, en general, no siempre elevará al grado máximo el éxito de una compañía en particular.
En China, un estudio reciente llevado a cabo por la Fundación Nacional de Ciencias titulado “Análisis de los factores dinámicos de la innovación en clusters: un caso de estudio del Cluster de Mobiliario Industrial de Chengdu”, constató que la presencia de muchas empresas en una única área ayudaba a impulsar la innovación, la difusión de nuevas ideas, la flexibilidad y la especialización. En el artículo citado, que integra un informe especial sobre los desafíos de la industria manufacturera china, expertos de Wharton y de Boston Consulting Group (BCG) discuten qué factores serían responsables del crecimiento de los clusters chinos, así como las oportunidades y riesgos que ellos presentan.
Ese análisis del sector manufacturero tiene lugar en un momento en que las fábricas chinas experimentan un profundo retroceso. Las exportaciones caen en medio de la crisis económica mundial y la demanda doméstica parece incapaz de cubrir la oferta disponible. Además de eso, con el cierre de las fábricas, que empujan de vuelta al campo a millones de trabajadores que habían emigrado a la región industrial costera, la tasa de crecimiento explosiva del país de los últimos años no volverá rápidamente a los niveles de antes. Por lo tanto, la presión sobre la tasa de mano de obra disponible ha disminuido. Así, por lo menos de momento, se redujo bastante la discusión sobre la necesidad de transferir las operaciones de las empresas a países de mano de obra más barata, como Vietnam. Pero la necesidad de contener los costes y mejorar la calidad de la producción ha aumentado exclusivamente a causa de las condiciones actuales de los mercados, lo que hace más importante que nunca saber dónde actuar en China y cuál es el valor de los clusters. Al mismo tiempo, las empresas deberían analizar cómo posicionar sus fábricas ante una posible recuperación.
La importancia de los clusters es un dato razonablemente nuevo para los economistas occidentales. Aunque parte de la concepción que hay detrás de ellos se remonte a 1890, el término se hizo conocido en 1990, cuando Michael Porter lo utilizó en su libro “La ventaja competitiva de las naciones”. Se trata de una idea que las empresas y políticos chinos abrazaron y buscan explorar a su favor. Tal vez una razón para ese entusiasmo se debe al hecho de que vencer por medio de la acción conjunta sea un concepto fundamental en la cultura china, que trae consigo una tradición de obligaciones sociales mutuas extremadamente importantes. El concepto original se puede encontrar en los inicios de la historia china: hace más de 3.000 años, Confucio ya aconsejaba: “Que quién quiera establecerse, que ayude a otros a que se establezcan también”.
Los sastres de Cixi
Las especializaciones regionales siempre han existido en China. Los sastres de la ciudad de Cixi, por ejemplo, son famosos por su habilidad centenaria y por el control que ejercieron sobre la confección de vestuario en Pekín desde la década de 1680 hasta los años 1930. Sin embargo, la existencia de clusters industriales avanzados es un fenómeno reciente. Su desarrollo fue frenado por la tradición maoísta de estímulo a la autosuficiencia local, una idea que llevó la producción industrial prácticamente hasta el nivel de la aldea.
Iniciada en 1958 y continuada hasta los años 60, la campaña del “Gran Salto Adelante” de Mao significó un gran salto atrás. La industria de pequeña escala y de tecnología rudimentaria defendida por él como forma de desarrollar el país, acabó reduciendo la producción industrial en un 30%. Una consecuencia de eso fue que muchas industrias chinas, como la del cemento, se fragmentaron y hoy operan en escala bastante reducida y con métodos anticuados, lo que explica por qué las autoridades de regiones diversas ven ahora en los clusters un nuevo instrumento para el avance económico. “Esas personas son muy despiertas. Ellos saben donde están las posibles ventajas de ese sistema”, dice Benjamin Pinney, director de la oficina de BCG en Shanghai.
En algunas regiones, como en la sub-provincia de Ningbo, en Zhejiang, donde está situado el viejo centro de confección de Cixi, los políticos chinos vieron en las raíces de la cultura local una ventaja especial. Ningbo decidió literalmente permanecer fiel a la costura. El trabajo comenzó, inicialmente, con la conversión de las empresas que habían hecho uniformes militares en fábricas que hicieran moda, permitiendo al mismo tiempo a los pequeños emprendedores abrir empresas más especializadas. Actualmente, la sub-provincia tiene más de 2.000 empresas de ropa que, juntas, son responsables de cerca del 5% de la producción de textiles del país.
Otros ejemplos sin ninguna conexión con alguna gloria industrial pasada están representados por las diversas fábricas de la ciudad de Dongguan, en el delta del río de la Perla, que produce cerca de un tercio de las cabezas magnéticas de grabación de todo el mundo y que son fundamentales para los drivers de los ordenadores, además de cerca de un 16% de todos los teclados del mundo. Otros centros destacados son la municipalidad de Dali, en el distrito de Nanhai, que produce cerca de un 40% de los productos de aluminio del país; la municipalidad de Zhili, en la provincia de Zhejiang, especializada en vestuario infantil, además de Datang, en la provincia de Sichuan, donde hay miles de fábricas cuya producción de pares de medias llega a seis billones todos los años. En el cómputo general, son más de 1.000 clusters dedicados a la exportación.
La Zona Industrial de Yates de Zhuhai, en el litoral sur, abriga cerca de 20 fabricantes de barcos y creció gracias a la ayuda, en parte, de los incentivos del Gobierno concedidos a diversos clusters de fabricantes. Esos incentivos han resultado importantes para el desarrollo de nuevas industrias de alta tecnología, como la de biotecnología, en que el Gobierno tiene un papel objetivo en la concesión de ventajas a las empresas. “China sabe como nadie crear infraestructuras favorables a los clusters”, observa David Lee, socio y director-gerente de la oficina de BCG en Pekín. “Es evidente que ellos saben como nadie construir carreteras, puertos y puentes, pero son buenos también en la creación de institutos y de unidades de entrenamiento”.
El crecimiento de los clusters de biotecnología en Pekín, Shanghai y Shenzen/Guangdong, por ejemplo, es el resultado de las políticas del Gobierno que se remontan a los años 70. El primer gran cambio de directriz permitió que más de 200.000 estudiantes hicieran postgrados en ciencias en el extranjero. Después, en 1986, el Gobierno posibilitó que centenares de miles de postgraduados en biotecnología tuvieran un entrenamiento especializado. A continuación, incentivaron a los profesionales del área que trabajaban en el exterior a volver al país. Muchos volvieron y abrieron empresas con base a la experiencia en gestión y en el conocimiento científico que habían adquirido en su experiencia profesional en EEUU y en otros países.
En el campo de la biotecnología y de clusters de otras áreas, la formación de empresas tiende a ocurrir de forma un poco diferente de lo que en la mayor parte de las economías de mercado de Occidente. Para las autoridades chinas, la actividad emprendedora no es tanto la capacidad de identificar oportunidades lucrativas, sino la de formar alianzas con aquellos que cuentan con activos clave.
Las conexiones sociales del emprendedor con funcionarios del Gobierno, por ejemplo, son casi siempre más importantes que en Occidente. Al mismo tiempo, trabajar esas conexiones no es simplemente una cuestión de conseguir lo que se pretende por medio de sobres pasados por debajo de la mesa de negociación. A diferencia de los acuerdos comunes en otros mercados emergentes, los analistas dicen que hoy los gobiernos locales de China muchas veces agregan valor real a los clusters locales defendiendo la industria más que escogiendo vencedores y perdedores entre las empresas, como era frecuente en el pasado. En Ningbo, por ejemplo, el Gobierno entró inicialmente como accionista en algunas empresas. Hoy, es más común que él organice el comercio y los fashion shows, o que coordine el desarrollo local.
En el momento en que esa estrategia más amplia de movimiento coordinado con la industria comienza a funcionar, según parece haber sido el caso del sector textil y de biotecnología, habrá apoyo estatal efectivo a la iniciativa y a la energía del emprendedor. Algunos analistas dicen que una de las principales razones de que China esté más adelantada económicamente que Rusia es que el Gobierno local tiende a ver los negocios más como una fuente de crecimiento de largo plazo que como oportunidad de ingresos inmediata.
Las empresas aprecian el servicio que reciben en los parques industriales donde los clusters están generalmente instalados. “Muchos de ellos están anclados en parques industriales enormes generalmente pertenecientes al Gobierno”, dice Pinney. Para una empresa extranjera, abrir una fábrica en uno de esos parques puede ser ventajoso, dice Pinney. Esos parques, por norma, cuentan con una oficina para coordinar el contacto con otras agencias, tales como las representadas por inspectores ambientales locales y autoridades fiscales — contactos que son fundamentales en un país en que las conexiones individuales son extremadamente importantes.
Relaciones sólidas así son importantes en una economía semi dirigida. Caer en gracia de las autoridades puede significar la reducción de impuestos y la concesión rápida de licencias. “Para quien no cuenta con esa ventaja, conseguir una licencia de funcionamiento puede llevar tres meses. Para nosotros, tal vez tres días”, dijo un director financiero bien relacionado a la revista CFO Asia. Por otro lado, si la empresa disgusta al Gobierno, la aprobación de la licencia de funcionamiento puede tardar mucho más. Además de eso, saber exactamente cómo las autoridades locales interpretan una nueva regulación se vuelve mucho más difícil.
Pero adoptar la mentalidad de cluster y mantener contacto con las autoridades correctas, no es una estrategia a prueba de errores. Buena parte de las grandes construcciones en marcha actualmente en China son el resultado, por lo que todo indica, de la acción de patriarcas locales en defensa de proyectos de su interés impulsados más por la voluntad de auto engrandecimiento que por la perspectiva del retorno financiero. Ese tipo de implicación de las autoridades puede también llevar a la defensa de industrias anticuadas. Los clusters automovilísticos gozan del favor de las autoridades porque imaginan que ayudarán a desarrollar otros sectores, como la siderurgia y el segmento químico, según explica John Zhang, profesor de Marketing de Wharton. Zhang, sin embargo, dice que los subsidios concedidos a los combustibles pueden contribuir al despegue de la demanda en Shanghai, Xongqing y otros centros de automoción. En la actual situación, sin embargo, pueden perjudicar a la economía a largo plazo porque descapitalizan otros clusters e impiden el desarrollo de un volumen mayor de tecnologías que reducen el consumo de energía.
Un lento movimiento hacia el Oeste
La inmensa mayoría de los clusters industriales chinos están situados cerca de la costa Este de China, donde la infraestructura es mucho más fuerte. Una encuesta de 2006 sobre la situación de las compañías extranjeras y auxiliares de logística hecha por la compañía inmobiliaria Jones Lang LaSalle constató que un 85% de los depósitos estaban localizados sólo en tres regiones diferentes: en el delta del río Yangtze, en el delta del Perla y en la gran bahía de Bohai. La única ciudad del Este del país donde había empresas de logística era Chengdu, donde mantenían un 5% de sus almacenes y otros activos.
Pero diversas compañías multinacionales, como Intel y Ford, mantienen plantas en ciudades menos prósperas del interior, seducidas por la perspectiva de tierras y de mano de obra más barata, además de beneficios fiscales.
El Gobierno lanzó la campaña “Vaya hacia el Oeste” hace prácticamente diez años con el propósito de incentivar el desarrollo de una región geográfica mayor. Sin embargo, buena parte de la inversión externa parece centrarse en los clusters ya existentes en la región. La mayor parte de las nuevas inversiones se concentró en las dos mayores ciudades de las provincias occidentales: Chengdu (11 millones) y Chongqing (con 31 millones de habitantes, es la mayor ciudad de China), según datos de China Supply Chain Council.
Intel, por ejemplo, tiene hoy en día dos fábricas en Chengdu. Para la empresa, el desplazamiento a la región no fue de forma alguna un sacrificio. La zona de alta tecnología de Chengdu abriga actualmente 968 empresas de alta tecnología, además de otras 387 empresas de Fortune 500. De Chengdu salen anualmente más de 20.000 licenciados, graduados con master y doctorado, todos ellos en el área de electrónica. Al mismo tiempo, la localización de la ciudad cuesta a la empresa sólo una quinta parte de lo que costaba en Shanghai. La ciudad dio a la empresa una enorme exención fiscal para que se instalara en la región, según la Guía de Empresas de Chengdu. La empresa, sin embargo, no parece ver en la tierra más barata o en la reducción de los impuestos el principal atractivo de Chengdu. Por el contrario, cuando Intel abrió su primera fábrica en Xen Chengdu, en 2003, lo que llamó la atención de la empresa fue “la localización estratégica de la ciudad, la calidad de su sistema educativo y la mano de obra bien entrenada de la región”. Éstos fueron los factores que llevaron a la elección de la ciudad.
Sin embargo, con excepción de unos pocos ejemplos de éxito, la estrategia occidental se estancó debido a la infraestructura precaria de transporte de la región y del exceso de burocracia.
¿Qué tal ir a China?
Por lo tanto, si la delegación de una oficina de desarrollo económico de una ciudad invita a una determinada empresa a unirse a un cluster —incluso si es la ciudad correcta para ella—, ¿debería la empresa aceptar la propuesta?
“Siempre pienso en eso”, dice Pinney. “No existe una respuesta fácil. Todo depende de quién es usted y de las capacidades que usted desea explorar”. El cluster de Xian, por ejemplo, uno de los de mayor éxito de la región oeste de China, fue en el pasado la cuna de la mayor fábrica de aviones del país. Allí se producían las versiones más avanzadas de los cazas soviéticos. Eso proporcionó a la ciudad un gran número de expertos en máquinas y herramientas mecánicas — factor muy importante de atracción para empresas como McDonnell Douglas, Boeing, Airbus y otras compañías aeroespaciales extranjeras que buscaban dónde instalarse en China. Esa mano de obra experta era extremadamente ventajosa para las empresas aeroespaciales y de defensa.
Sin embargo, muchas veces en los clusters más nuevos no hay aquello que Gertrud Stein decía con referencia a Oakland, en California, es decir, allí no hay nada. “Lo que tal vez exista es la aspiración de un cluster”, dice Pinney. “La ciudad saca un folleto promocional en el que aparece como un lugar excelente para empresas de tecnología médica, compañías de semiconductores, etc. Pero en el momento en que los analistas de la empresa examinan la oferta, constatan que se trata sobre todo de una aspiración irreal”, un lugar que está a la espera de que alguien aparezca. Aunque los clusters menos sólidos ofrezcan exenciones fiscales y otros incentivos para atraer a las empresas, hay un lado negativo en potencia en todo eso: el cluster puede no eche raíces. “Nadie está dispuesto a ser el primero a entrar o el último a salir”, dice Lee.
Pero incluso los clusters ya establecidos tienen sus propios dilemas. De un lado, aquellos que son maduros ofrecen mayor acceso al conocimiento más avanzado, además de un número más amplio de posibles asociaciones en el área de abastecimiento y de distribución. Por otro lado, los clusters a veces acaban limitando la capacidad de crecimiento de la empresa. De modo general, constituyen bases operativas más caras, según explican expertos de Wharton y de BCG. El coste de la mano de obra, por ejemplo, tiende a ser más elevado en regiones donde hay necesidad de grandes contingentes de mano de obra bien entrenada. Pero una fuerza de trabajo extremadamente especializada acaba siempre elevando la productividad, principalmente en algunas industrias. “Silicon Valley es un lugar increíblemente caro para hacer negocios, pero todo el mundo va allí porque es donde están los profesionales excelentes. La lógica del negocio manda seguir en aquella dirección, aunque haya que pagar tanto por los profesionales deseados”, dice Pinney. Si se actúa en el sector farmacéutico y se necesita la aprobación de la FDA para un producto, es mucho más fácil conseguirlo por medio de una fuerza de trabajo que ya sabe algo sobre el negocio que por medio de campesinos “venidos del área rural”, añade.
Otra ventaja de unirse a un cluster en China —por lo menos para una empresa que está comenzando— es que los trabajadores de allí tienden a ser más abiertos a la posibilidad de cambiar de empresa que en otras regiones del país. En la región del delta del Nanjing y del Yangtze, dice Pinney, “los profesionales se desplazan entre las compañías extranjeras y locales allí instaladas”. Participar en un cluster también puede llevar a nuevas oportunidades e innovaciones, principalmente en el caso de empresas especializadas en el sector servicios. En Hangzhou, por ejemplo, Han’s Laser, una compañía local que crece fuertemente, tuvo mucho éxito al incentivar a los fabricantes locales de botones a que utilizaran una máquina especial de láser para grabar nombres de marcas en letras minúsculas en los botones, un añadido simple al producto, pero que puede multiplicar por diez el valor de un botón. Cuando una empresa como Han’s “ofrece un valor agregado altísimo, sus oportunidades de crecimiento se vuelven extremadamente rápidas”, observa Marshall Meyer, profesor de Gestión de Wharton autor de trabajos de investigación sobre China.
La próxima gran novedad
Ciertos tipos de clusters parecen destinados a reinventarse de formas sorprendentes, según lo ocurrido en Ningbo en los últimos 400 años. Al mismo tiempo, otros pueden entrar en decadencia. En general, según veremos en otra oportunidad, el Gobierno nacional está intentando empujar a los fabricantes chinos hacia el segmento de productos más sofisticados. Con la elevación del coste de la mano de obra y con la entrada en escena de otras fuentes de mano de obra más baratas, como Vietnam y otros mercados de bajo coste, será preciso crear nuevas fuentes de ventaja comparativa.
Para los clusters, eso parece indicar que algunos sectores, como el de juguetes y textiles más simples, perderán importancia, en la medida en que otros, como los de biotecnología, crecerán. Las localizaciones también cambiarán: Victor Du, jefe de la oficina de BCG en Shanghai, dice que debemos esperar el desarrollo de algunos clusters en ciudades del interior donde el coste de vida aún es mucho más barato. Diversos informes llaman la atención sobre el hecho de que una inversión razonable en infraestructura en esas regiones sería de gran ayuda: si China consigue reducir los costes por transporte a la mitad en la región, obtendría un aumento del 5% en inversiones en las ciudades localizadas en el interior del país, señala un informe del Banco Mundial.

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