domingo, 17 de mayo de 2009

La nueva ciudad del consumo

Por: Nelly Luna Amancio
Lima se sumerge en el consumo acorralada por el auge inmobiliario. El cemento se apodera de la ciudad a través de viviendas pero, sobre todo, de oficinas, centros comerciales y enormes y cuadriculados supermercados. Los ciudadanos pasean menos por parques y plazas y más por tiendas de departamento o centros comerciales. Con los parques descuidados, el espacio público quedó en manos privadas.
Al respecto, el sociólogo Roberto Reyes, director de la revista “Arquitextos” sostiene: “El espacio representativo hoy es el gran centro comercial. Son estructuras sin identidad, repetidas en todo el mundo, que están reemplazando a parques y plazas, incluso entre la gente pobre que compra lo mínimo y que pasa el día entero en esos sitios”. Las compras en los supermercados esconden actitudes aspiracionales: comprar allí ofrece el estatus que el mercado del barrio no da.
“Le ha dado vida al vecindario, este era un barrio olvidado”, dice Fred Chuquipuma sobre el supermercado que hace una semana se inauguró en San Hilarión Alto, San Juan de Lurigancho. Desde su ventana, los fuertes colores del complejo contrastan con ese marrón pobreza que cubre las casas apiñadas en el cerro de atrás. Fred y su madre auguran mejores años en adelante: “Ya están viniendo algunos bancos para que les alquilemos el primer piso de la casa, que elevará su valor. Todos nos vamos a beneficiar”, dice entusiasmado. El consumo tiene sus réditos.

CIUDAD ESTÁNDAR
¿Los grandes centros comerciales y los supermercados estandarizan las ciudades? El arquitecto Augusto Ortiz de Zevallos cree que sí. “Nos estamos alimentando de modelos baratos, las autoridades podrían haber sido más cuidadosas al momento de aprobar estos diseños, y, además, no se pueden descuidar los espacios públicos como los parques”, sostiene. La máxima funcionalidad al servicio del consumo.
“En otros lugares se proponen diseños más estimulantes para el público, modelos con atributos más armoniosos, pero acá no son otra cosa que grandes contenedores”, precisa el arquitecto.
Para el especialista, las municipalidades son las responsables de que un espacio se desmantele por una inversión cualquiera: “Hay que proteger los espacios que representan la identidad de una ciudad”, añade. Según él, por ejemplo, no tiene sentido priorizar la residencialidad de un distrito ante el avance del comercio, pues entre ambos podría haber una relación armoniosa.
Ortiz de Zevallos cree que el actual modelo de ciudad empobrece la vida cotidiana (que separa las zonas comerciales de las residenciales), incrementa el tránsito y hace que todos lleguemos estresados a nuestros hogares. “El patrón de edificio europeo es uno en el que abajo hay comercio, en el segundo piso hay oficinas y vivir arriba es un disfrute porque todo está cerca. Los espacios públicos se comparten”, agrega.

ESTAMOS EN EL RÁNKING
La presencia masiva de centros comerciales y la inauguración de nuevas oficinas son indicadores del estado de Lima. El ránking elaborado por la revista “América Economía” otorga 62 puntos a nuestra capital en lo tocante a la “libertad para hacer negocios”, puntaje similar al que tiene México D.F. El poder de marca (del nombre Lima) alcanza los 60,9 puntos, por encima de Miami (58) y Río de Janeiro (50,4). Así también, el dinamismo económico de la capital, según dicho ránking, es mayor al de Santiago, Miami y Bogotá.

LA MAYOR FRUSTRACIÓN
Pero la competitividad de la capital tiene como tara a su ineficiente transporte. “En el Perú más que transporte público lo que tenemos es un transporte privado de servicio colectivo”, sostiene Pau Avellaneda en su tesis doctoral. En Lima hay una tasa de ocho unidades por cada mil habitantes, un nivel que duplica el que existe en Bogotá y casi triplica el de Santiago de Chile.
Demasiados carros. El transporte es tan malo que los limeños aspiran a comprarse un auto y usarlo a diario. “Nadie quiere usar el transporte público. Aquí vamos al revés. En las grandes ciudades el auto se usa en menos ocasiones porque el sistema de transporte público es más eficaz”, concluye Ortiz de Zevallos.

EN PUNTOS
Espacios públicos y transporte
“La Costa Verde debería ser el gran espacio de encuentro de toda la ciudad. Debería devolver el sentido de pertenencia entre los limeños”, dice el arquitecto Augusto Ortiz de Zevallos.
“Me da la impresión de que la gente ahora se queja más, hay una mayor conciencia colectiva. Sí me da la impresión de que pese a todo Lima está cambiando para bien” , insiste Ortiz de Zevallos, responsable de elaborar el proyecto de la Costa Verde.
“El transporte ordena, democratiza y genera identidad”, dice el arquitecto.
“En otros lugares como Medellín, por los intercambios viales circulan no solo autos sino también ciclistas y peatones, pero claro, esos modelos demandan más dinero”, finaliza.

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