El management no es una ciencia invariable. Renovarse o morir, éste es el lema de cualquier gurú que se precie y quiera mantenerse en la primera línea de la actualidad. A las empresas y a sus directivos cada vez les interesan cosas aparentemente más ajenas al mundo empresarial. “Hemos cambiado de ciclo económico”, apunta Antonio García, director general de Thinking Heads, la mayor agencia de conferenciantes de España. En su opinión, la productividad va a centrar gran parte del discurso de los gurús para 2008. Después de varios años de crecimiento ininterrumpido, la crisis inmobiliaria ha sido una llamada de atención para que las empresas se paren a reflexionar y digerir la rápida expansión de los últimos años. Según los expertos, en tiempos de incertidumbre, las ventas son las primeras que sufren las consecuencias, ya que el consumidor se vuelve más cauto. En opinión de Antonio García, la creatividad y la innovación para llegar hasta el cliente serán los grandes focos de atención, sobre todo en Europa y Estados Unidos, donde la crisis de liquidez está salpicando distintos sectores, como la banca o el inmobiliario.
Aunque todavía tienen gancho las personalidades famosas fuera del mundo corporativo, como los deportistas, los directivos demandan cada vez más las ponencias de empresarios "hechos a sí mismos", que les sirva de inspiración en sus problemas cotidianos, una tendencia que procede de Estados Unidos. Los emprendedores seguirán, por tanto, en el top five de lo más demandado en jornadas y conferencias, sobre todo, de cara a la programación de las conferencias y cursos de las universidades de verano, como la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en Santander, o la Universidad Complutense de Madrid, en el Escorial.
Para Javier Fernández Aguado, autor de '1.000 consejos para un emprendedor' y profesor de Creación de Empresa en el MBA del Instituto de Administración de Empresa (IADE), perteneciente a la Universidad Autónoma de Madrid, “el futuro de la economía española -y, en general, de la europea- debe transitar necesariamente por un mayor desarrollo de la pyme o, como prefiero denominarla, de la pympe (pequeña y muy pequeña empresa). Los niveles de contratación por parte de la Administración pública están llegando a su límite, porque es difícil que una economía como la española soporte más carga en ese sentido”. En su opinión, “el desarrollo económico sostenido y sostenible debe pasar por un incremento de la iniciativa empresarial. Entre las múltiples ventajas que eso traerá consigo, se encuentra el perfil aventurero, audaz, creativo e innovador que suele exigir el lanzamiento y mantenimiento de una empresa frente a otras alternativas profesionales, que suelen resultar menos retadoras”. Por este motivo, tanto las empresas, como las escuelas de negocios y universidades apostarán por reforzar sus cursos y conferencias sobre emprendedores para este año y la programación del próximo curso.
El storytelling es una de las novedades en España. En época de crisis, no hay nada como saber comunicar con entusiasmo cualquier idea, aunque ésta sea negativa. “Las compañías necesitan directivos capaces de contar historias, no sólo de ofrecer datos”, apunta el director de Thinking Heads. En su opinión, en clara decadencia está China. El gigante asiático ha centrado ya tantas ponencias y portadas en la prensa que ha dejado sitio a otras regiones. Europa del Este, uno de los lugares más atractivos para el sector inmobiliario, ocupará el hueco que China ha dejado, apunta Antonio García. En un entorno de consolidación, "se buscan gestores, no líderes", por lo que temas como la retribución o el liderazgo están perdiendo importancia en favor de cuestiones como la productividad o la búsqueda de alternativas a una crisis, como la inmobiliaria.
Marketing para superar las crisis
Para Carlos Rodríguez Braun,catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid, “la calidad del management se pondrá a prueba en 2008, porque será necesario gestionar la crisis inmobiliaria. El sector lo sabe desde hace algún tiempo y el gran público ha caído en la cuenta durante 2007 que el largo ciclo expansivo se ha agotado y que empiezan a aparecer los malos resultados de una sobreinversión animada por una política monetaria expansiva. Los gestores deberán capear el temporal, minimizar pérdidas, buscar alternativas de inversión y estar más atentos que nunca a las oportunidades que toda crisis abre y que serán las inversiones exitosas de mañana”.
La publicidad tradicional también parece cosa del pasado. Los gurús han mejorado su discurso y lo han dirigido hacia algunas de las nuevas tendencias, como el márketing étnico (dirigido a inmigrantes) o el branding. En este sentido, uno de los grandes protagonistas para el nuevo curso será la marca-país. Fernando Cortiñas, director comercial internacional de Telefónica Soluciones, considera que la importancia de esta materia radica en que “una buena marca-país ayuda a exportar los productos y servicios de un país concreto, y viceversa. En términos económicos, una marca país-fuerte hace que la oferta de sus productos se vuelva más inelástica. Muchos consumidores están dispuestos a pagar precios más altos por productos de marca con producciones limitadas (por ejemplo, los vinos de Burdeos o de Champagne son dos casos de marcas región con una identidad muy fuerte).
Curiosamente, la marca-región es más un deseo de muchos políticos locales que una demanda real del mercado. En España, vemos que algunas regiones están gastando muchos recursos en imponer sus propias marcas, pero son muy pocas las que logran tener una identidad propia”. Para este experto, “en mercados como Estados Unidos, los consumidores a duras penas saben dónde está España (no pocas veces la ubican al sur del río Grande), como para saber dónde queda Cataluña o País Vasco. Por más que se esfuercen algunos de sus políticos, los consumidores identifican a estas regiones como España. Por eso, España tiene que seguir invirtiendo en promover a sus productos con una marca España fuerte, que la distinga como país moderno, innovador y avanzado, pero manteniéndose como país agradable para descansar y hacer turismo".
La importancia de la marca-país en el management está directamente relacionada con la cada vez mayor importancia que tiene la internacionalización de las empresas. Juan Carlos Cubeiro, director de la consultora Eurotalent y profesor de Liderazgo y Dinamización de Equipos en la universidad de Deusto y de Estrategia y Gestión por Competencias en San Pablo-CEU y en ESADE, apunta que “la internacionalización de la empresa española es una de las mayores asignaturas pendientes de nuestra economía. Si bien, las grandes compañías de los sectores de las telecomunicaciones, banca, energía, construcción e inmobiliaria han invertido profusamente en otros países, especialmente en Iberoamérica y en Europa; las pymes, así como algunas empresas familiares de cierto tamaño, simplemente no contemplan su implantación en otros mercados, algo imperdonable en un mundo globalizado. Los planes estratégicos de las empresas de cualquier tamaño han de contemplar la internacionalización de sus operaciones, lo que ofrece múltiples ventajas competitivas”.
Internacionalización
En opinión de Cubeiro, “las sociedades de desarrollo regional y muchas cámaras están realizando una excelente labor de visitas comerciales a Extremo Oriente, Europa del Este y Latinoamérica. Las empresas españolas, con una presencia exterior mejorable, han de invertir esfuerzo y dinero en exportar sus productos, en crear filiales y en asociarse con compañías extranjeras. La internacionalización es, en sí misma, un proyecto ilusionante, no sólo por lo que puede suponer de incremento de facturación y de tamaño del negocio, sino por la exigencia de los nuevos clientes, por la eficiencia e innovación de los procesos internos y por el desarrollo de los profesionales en la propia empresa. La competitividad no te la otorgan; se conquista".
La globalización no sólo ha abierto las fronteras a las empresas, sino también a la mano de obra y a la movilidad de talento entre países. Manuel Pimentel, ex ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, apunta que, “por conocidas razones demográficas y de envejecimiento de población, nuestra necesidad de inmigrantes no es una cuestión coyuntural (determinada tan sólo en puntas de crecimiento económico), sino que es un déficit estructural. Sea cual sea la marcha de nuestra economía, salvo una hecatombe no previsible, seguiremos precisando de inmigrantes. El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha hecho público un pronóstico de evolución de población: en quince años, se habrán instalado más de cuatro millones de nuevos inmigrantes en nuestro país, hasta alcanzar una población total de cincuenta millones de habitantes. Debemos prepararnos para esta realidad”. Por este motivo, las empresas destinarán durante los próximos años una gran parte de sus recursos en formación a temas como la integración de culturas en plantillas cada vez más internacionales o la búsqueda de talento fuera de sus fronteras geográficas.
La sociedad del conocimiento seguirá ocupando un lugar destacado en ponencias y cursos de formación. En este campo, el comercio electrónico y la e-democracia han perdido gas para dejar lugar a la Web 2.0, uno de los ámbitos donde más novedades se están produciendo. Las nuevas redes sociales que se están creando en Internet representan una auténtica revolución en los conceptos tradicionales de comunicaciones entre la empresa y sus stakeholders (accionistas, clientes y proveedores). En opinión de Javier Etxebeste, ex director de Búsquedas y Mercados para Europa de Yahoo!, considera que el debate público se centrará en tres grandes frentes: software libre, información geográfica libre y servicios web. Según este experto, “hay mucha información geográfica pública (para sistemas de localización por GPS) sigue bajo llave, y lo seguirá estando, pero el debate será cada vez más intenso y, si no es la Administración, serán los ciudadanos quienes liberen la información pública creando cartografía en el sitio web Open Street Map o marcando información en Tagzania.com.
Etxebeste apunta a que la revolución digital también se dirigirá hacia los servicios online de la Administración Pública: “El modelo de API o servicios web accesibles por máquinas llegará del mundo 2.0 a la Administración. La reutilización fácil de las estadísticas públicas o de datos de dominio público no es sólo un derecho que nos asiste a los ciudadanos, sino que es un motor de creación de servicios de valor añadido. Véase el ejemplo de Everyblock, una web americana que sitúa información administrativa ciudadana en un mapa creativo siempre cambiante. El API más práctico al respecto es el de Nestoria (buscador temático inmobiliario), aunque el Instituto Nacional de Estadística tiene más datos, pero ¿dónde están guardados?”.
Hay bloques temáticos que parece que nunca pasan de moda, como el medio ambiente. Desde Thinking Heads, señalan que el cambio climático seguirá siendo el centro de atención de muchos debates. Aunque Al Gore y su documental sobre el calentamiento de la tierra Una verdad incómoda parecen haber perdido capacidad de atracción, es un tema que cada vez preocupa más, por lo que surgirán nuevos gurús que le darán un nuevo impulso. Entre los candidatos a recoger el testigo de Gore, se encuentran Jean Michel Cousteau y Robert F. Kennedy Junior, según apunta Antonio García.
Sebastián Álvaro, director del programa español de televisión sobre expediciones de aventura y riesgo 'Al filo de lo imposible', considera que “parece bastante previsible que este año sigamos hablando de problemas relacionados con el medio ambiente, el paisaje y la energía, que son recurrentes y asignaturas pendientes de la democracia. El cambio climático ha sido la estrella del curso pasado, gracias, en buena medida, al polémico documental de Al Gore. Y lo seguirá siendo este año. Sus efectos en España, según todas las previsiones, serán más graves que en las zonas del norte de Europa, planteando problemas que urge abordar: la desertización y la deforestación, la falta de agua y la elevación del nivel del mar. Sorprende que, durante la campaña electoral (en marzo hubo elecciones en España), no se haya apenas debatido sobre el trasvase de cuencas hidrográficas, las centrales nucleares, la reflexión sobre el cambio catastrófico del paisaje debido a los molinos eólicos y las placas solare”. En opinión de este experto, todas estas cuestiones “merecen ser estudiados con rigor y profundidad por su enorme trascendencia”.
Durante los próximos meses, dice, “hablaremos también del urbanismo salvaje, que está acabando con los últimos restos de la costa española, de Gerona a Portugal y de Bayona a Fuenterrabia. La especulación y la falta de protección de los parajes naturales también están destruyendo, entre otras, las montañas del Pirineo, de León y de Sierra Nevada” (en España), un problema que pueden empezar a sufrir aquellos países que están despertando ahora al boom inmobiliario.
http://wharton.universia.net/index.cfm?fa=viewArticle&id=1498&language=spanish
El copyright de todos los materiales es propiedad de la Wharton School de la Universidad de Pennsylvania y Universia
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miércoles, 2 de abril de 2008
¿Pueden las herramientas contables hacer que los ejecutivos cometan errores?
Técnicas contables como la elaboración de presupuestos, proyecciones de ventas e informes financieros se consideran medios que ayudan a evitar la mala marcha de los negocios, ya que proporcionan a los gerentes planes realistas para dirigir sus acciones y darles información sobre los adelantos alcanzados. En otras palabras, su propósito es influenciar el optimismo emprendedor con una buena dosis de realismo numérico.
Por lo menos ésa es la teoría. Sin embargo, cuando Gavin Cassar, profesor de Contabilidad de Wharton, decidió probar esa idea, descubrió una cosa interesante: algunas herramientas contables no sólo no ayudan a las personas a tomar buenas decisiones en sus negocios, también pueden desviarlas de sus objetivos. En uno de sus recientes estudios, Investigación contable contemporánea (Contemporary Accounting Research), Cassar mostró que la elaboración del presupuesto no ayudó a un grupo de empresas australianas a prever con exactitud sus ingresos. En un segundo estudio, constató que los análisis de proyecciones financieras contribuían a aumentar las aspiraciones optimistas de los emprendedores, llevándolos a sobreestimar los niveles subsecuentes de ventas y de empleo.
“Ha quedado demostrado en diversos estudios que las personas son extremadamente optimistas”, dice Cassar. “Lo que es interesante es que, cuando usted recurre a las herramientas contables, el optimismo es aún mayor. Esto muestra que la utilización de esas herramientas, consideradas saludables por muchos profesores y agencias del gobierno, puede llevar a errores aún mayores”.
Cassar no está sugiriendo que se ignoren las actividades y las técnicas contables. Inversores y órganos reguladores esperan que las empresas implementen sistemas contables sólidos. Y es lo que deberían hacer, dice él, ya que los informes financieros proporcionan un mapa detallado de un negocio y su desempeño. Pero, para Cassar, hombres y mujeres de negocios —principalmente emprendedores, que apuestan tanto su reputación como su fortuna personal en sus iniciativas— deberían comprender que las limitaciones de las estimaciones contables, lo mismo que las tendencias humanas más comunes, como el optimismo, pueden llevarlos a errores de interpretación.
El primer estudio de Cassar, “Presupuestos, informes financieros y exactitud de las previsiones de los gerentes” [Budgets, Financial Reports and Manager Forecast Accuracy], tenía como objetivo probar la utilidad de algunas herramientas básicas de contabilidad. El estudio fue fruto de su experiencia de trabajo antes de formarse, en una época en que, como contable de una constructora en su país natal, Australia, fue testigo del colapso lento de la empresa hasta la suspensión de pagos. “Mi primer trabajo fue como contable financiero y administrativo de una compañía de construcción civil”, dice. “Mi segundo, 18 meses después, fue como administrador judicial de la bancarrota de la misma empresa”.
En retrospectiva, los contables de la empresa parecían hacer todo bien. Ellos habían elaborado presupuestos y puesto a funcionar sistemas, de manera que obtuvieran informes de desempeño a intervalos regulares, teniéndolos en cuenta a la hora de formular futuros planes y presupuestos de la empresa. Con el colapso de dos grandes obras viales, las pérdidas aparecieron rápidamente en los informes mensuales. A pesar de eso, los ejecutivos de la empresa no tomaron ninguna medida para subsanar el problema. “Los gerentes del proyecto dijeron que se compensarían las pérdidas, pero eso no fue lo que sucedió”, dice Cassar. “En ambas obras, la empresa sobrepasó en un 50% los costes estimados. Esto marcó el fin de sus actividades”.
El problema, sin embargo, no eran los sistemas contables. Eran los usuarios. “Nadie quería asumir la responsabilidad de lo ocurrido, porque eso acarrearía la pérdida del empleo”, dice Cassar. “Lo irónico de eso fue que, al final, todos lo perdieron”.
El estudio de Cassar le permitió evaluar si la existencia de un presupuesto y de informes internos ayudaron a otras empresas más que a su antiguo empleador. Él analizó un grupo de cerca de 4.000 empresas, todas con menos de 200 trabajadores, con base en un estudio hecho por la Oficina Australiana de Estadísticas. Los gerentes de esas empresas debían responder si habían preparado presupuestos e informes internos. Debían también suministrar proyecciones de ingresos y, en años futuros, presentar el desempeño resultante. La oficina acompañó las empresas durante cuatro años. Así, los datos mostraron hasta qué punto ellas estuvieron cerca de alcanzar las previsiones hechas.
Cassar creía que la elaboración del presupuesto o de informes internos —o, mejor aún, las dos cosas— ayudaría a mejorar las previsiones de la empresa. “La presencia, en la empresa, de una actividad de preparación del presupuesto debería tener como resultado pronósticos más precisos, ya que la obtención sistemática de una vasta gama de informaciones permitiría una evaluación más aproximada del desempeño futuro de la compañía”, observan Cassar y Brian Gibson, coautor del estudio y profesor de Contabilidad de la Universidad de Nueva Inglaterra, en Australia. “Pero, la elaboración del presupuesto por sí sólo tal vez no contribuya a una mayor exactitud de las previsiones, porque la existencia de un presupuesto sin un sistema de controles internos hace el control formal inútil”.
Cuando Cassar y Gibson analizaron los números, su pronóstico se hizo realidad: el impacto del presupuesto por sí sólo era trivial, mejorando la exactitud de las previsiones en menos del 2%. Pero la existencia de informes internos marcó una diferencia significativa, aumentando la precisión en cerca de un 8,5%. Juntas, esas dos técnicas mejoraron aún más la exactitud de los números en cerca de un 12%. “Esos resultados combinados muestran que la elaboración del informe contable interno mejora la precisión de las previsiones. Además de eso, aunque los beneficios de la precisión en la preparación del presupuesto parezcan limitados, la mejora es mayor cuando la elaboración del presupuesto y los informes de las cuentas internas son usados en conjunto”, observan Cassar y Gibson.
Además de eso, las empresas que mayor número de mejorías observaron en sus previsiones fueron las que operaban en ambientes más inciertos, según la medición hecha en conformidad con la variabilidad de los ingresos. Evidentemente, tales empresas necesitan orientación.
El segundo estudio de Cassar, titulado “¿Los individuos están volviéndose profesionales autónomos con excesivo optimismo? Una prueba empírica de los planes y proyecciones sobre las expectativas del joven emprendedor” [Are Individuals Entering Self-Employment Overly-Optimistic? An Empirical Test of Plans and Projections on Nascent Entrepreneur Expectations], se basó en el primer estudio. Aquí, Cassar no estaba interesado en saber si las herramientas contables ayudaban simplemente al emprendedor. Él quería saber de qué manera ellas contribuían a distorsionar su pensamiento.
Su curiosidad nació, en parte, de su conocimiento del campo de la psicología económica, que combina los conocimientos profundos y los métodos de la psicología y de la economía. Estudiosos del comportamiento observaron diversos casos de atajos mentales y prejuicios que pueden llevar a las personas a abandonar la lógica sugerida por la ortodoxia económica tradicional. Uno de los conceptos introducidos por el premio Nobel Daniel Kahneman y por Dan Lovallo, por ejemplo, dice que la visión “interna” distorsiona la toma de decisión. Una persona que adopte una visión interna está tan absorta en la formulación de su plan particular que acaba por negar las informaciones externas de carácter crítico, como la experiencia de otras personas en la búsqueda del mismo objetivo.
“Los individuos adquieren una visión interna previa al concentrarse en los elementos específicos del caso, en los detalles del plan existente y en los obstáculos para su materialización, y también al elaborar escenarios sobre el progreso futuro”, resume Cassar. “La visión externa, a diferencia de eso, es de carácter estadístico y comparativo, y no tiene en cuenta ningún intento de adivinar el futuro en cualquier nivel de detalles posible”.
La elaboración de proyecciones financieras para una iniciativa de riesgo, observó Cassar, implica la creación de una visión interna. El emprendedor construye una historia de éxito en su cabeza y, a continuación, la coloca en una hoja de cálculo en la que las ventas siempre crecen, año tras año. “Los seres humanos son buenos para contar historias y construir conexiones causales”, observa Cassar. “Ellos razonan de la siguiente forma: “Voy hacia la facultad, voy a montar un plan de negocios, ganaré algún dinero, después abro el capital o vendo el negocio a algún gran competidor’. Hay una probabilidad asociada a cada uno de esos pasos, pero nadie piensa en eso. Las personas juntan todos los eslabones y evalúan la posibilidad de éxito de acuerdo con un grado de probabilidad mucho mayor de lo que la realidad permite”.
Tómese como ejemplo los cerca de 400 americanos aspirantes a emprendedores estudiados por Cassar. De media, ellos creen que sus ideas tienen cerca de un 80% de oportunidades de ser correctas, aunque sólo un 50% se hagan realidad. De todos los emprendedores que materializan sus planes, cerca de un 62% sobreestimaban su primer año de ventas, y cerca de un 46% sobreestimaban la evolución del nivel de empleo a finales del primer año. El empleo, a diferencia de las ventas, implica tanto costes como beneficios, lo que tal vez explique los números modestos de puestos de trabajo creados, observa Cassar. A medida que la empresa crece, ella necesita más empleados, pero también necesita pagarlos.
Nada de eso, de momento, parece radical. Sí, los emprendedores son optimistas. Ellos tienen que serlo, porque para comenzar un nuevo negocio necesitan correr riesgos. Pero cuando Cassar comenzó a analizar el uso que los emprendedores hacían de las técnicas de contabilidad y de planificación, se encontró con algunas sorpresas.
Las personas que hacían proyecciones financieras eran las que más sobreestimaban las ventas futuras de sus iniciativas. En otras palabras, “las mismas actividades de gestión de las que dependen los emprendedores para hacer frente a las incertidumbres parecen estar llevando a los individuos a cultivar expectativas optimistas’, observa. Lo curioso es que la elaboración de un plan de negocios también tuvo como resultado un cierto optimismo respecto a la probabilidad de éxito, pero tuvo como resultado expectativas exageradamente optimistas porque estaba también “asociada de manera positiva a la posibilidad de que la actividad naciente se convirtiera en una iniciativa activa”, añade. En otras palabras, quienes elaboran planes de negocios tienen más probabilidad de fundar empresas, justificando así su optimismo.
Un grupo se mostró más realista que los demás — es decir, emprendedores que habían recibido dinero de ventas realizadas. “Eso muestra la importancia de las ventas concretas para la mejora de la racionalidad de las expectativas de ventas financieras”, observa Cassar.
A pesar de sus descubrimientos, Cassar no cree que el aspirante a emprendedor deba abandonar las proyecciones financieras. Esto es así porque los inversores, principalmente las firmas de capital riesgo, no permitirían tal cosa. Ellos esperan que las empresas en las que invierten hagan proyecciones, porque eso, aunque no sirva para nada, muestra que hay un dominio de los elementos básicos de la formulación de presupuestos y de técnicas contables. Por otro lado, Cassar cree que preparar las proyecciones ayuda a los emprendedores a comprender lo que lleva a la rentabilidad en su negocio y la dinámica de su industria.
Pero, él dice que el emprendedor necesita entender las formas por las cuáles las herramientas contables pueden alterar su pensamiento. “Entender de qué forma las prácticas de gestión influencian las expectativas permitirá a los responsables de la toma de decisiones usar los controles de la empresa o de toma de decisión para atenuar esa influencia”, observa. “Por ejemplo, proponer razones por las cuáles el resultado planeado tal vez no sea alcanzado, o relacionar de forma consciente las experiencias pasadas a la tarea de previsión que tiene entre manos son estrategias que los individuos pueden utilizar para reducir la ocurrencia de pronósticos extremadamente optimistas o confiados”.
Cassar no los estudió, pero cree que los fondos de capital riesgo parecen estar mejor preparados que el emprendedor a la hora de analizar las proyecciones financieras con el debido escepticismo. Como tienen la oportunidad de analizar centenares, tal vez miles, de planes de negocios todos los años, su visión del asunto es generalmente del que está fuera.
“Buenos inversores de capital riesgo saben escoger vencedores porque conocen los riesgos”, dice Cassar. “Muchos de ellos, cuando evalúan un plan de negocios, piensan de la siguiente forma: ‘Cuáles son los generadores de creación de valor y cuál es el objetivo de aquello que tiene de positivo? ¿Cuáles son las principales amenazas a las que el emprendedor no prestó atención porque simplemente no era de su interés hacerlo?”
Con base a su experiencia, Cassar identifica numerosos beneficios derivados de la utilización de técnicas contables. Pero, añade, “es importante reconocer que las proyecciones financieras de éxito no pasan de meras estimaciones basadas en creencias, que están a veces basadas en presuposiciones con un grado de confianza o de optimismo extremadamente exagerado. La utilización de esas herramientas contables puede, en realidad, exacerbar, en vez de atenuar, tales tendencias”.
http://wharton.universia.net/index.cfm?fa=viewArticle&id=1495&language=spanish
El copyright de todos los materiales es propiedad de la Wharton School de la Universidad de Pennsylvania y Universia
Por lo menos ésa es la teoría. Sin embargo, cuando Gavin Cassar, profesor de Contabilidad de Wharton, decidió probar esa idea, descubrió una cosa interesante: algunas herramientas contables no sólo no ayudan a las personas a tomar buenas decisiones en sus negocios, también pueden desviarlas de sus objetivos. En uno de sus recientes estudios, Investigación contable contemporánea (Contemporary Accounting Research), Cassar mostró que la elaboración del presupuesto no ayudó a un grupo de empresas australianas a prever con exactitud sus ingresos. En un segundo estudio, constató que los análisis de proyecciones financieras contribuían a aumentar las aspiraciones optimistas de los emprendedores, llevándolos a sobreestimar los niveles subsecuentes de ventas y de empleo.
“Ha quedado demostrado en diversos estudios que las personas son extremadamente optimistas”, dice Cassar. “Lo que es interesante es que, cuando usted recurre a las herramientas contables, el optimismo es aún mayor. Esto muestra que la utilización de esas herramientas, consideradas saludables por muchos profesores y agencias del gobierno, puede llevar a errores aún mayores”.
Cassar no está sugiriendo que se ignoren las actividades y las técnicas contables. Inversores y órganos reguladores esperan que las empresas implementen sistemas contables sólidos. Y es lo que deberían hacer, dice él, ya que los informes financieros proporcionan un mapa detallado de un negocio y su desempeño. Pero, para Cassar, hombres y mujeres de negocios —principalmente emprendedores, que apuestan tanto su reputación como su fortuna personal en sus iniciativas— deberían comprender que las limitaciones de las estimaciones contables, lo mismo que las tendencias humanas más comunes, como el optimismo, pueden llevarlos a errores de interpretación.
El primer estudio de Cassar, “Presupuestos, informes financieros y exactitud de las previsiones de los gerentes” [Budgets, Financial Reports and Manager Forecast Accuracy], tenía como objetivo probar la utilidad de algunas herramientas básicas de contabilidad. El estudio fue fruto de su experiencia de trabajo antes de formarse, en una época en que, como contable de una constructora en su país natal, Australia, fue testigo del colapso lento de la empresa hasta la suspensión de pagos. “Mi primer trabajo fue como contable financiero y administrativo de una compañía de construcción civil”, dice. “Mi segundo, 18 meses después, fue como administrador judicial de la bancarrota de la misma empresa”.
En retrospectiva, los contables de la empresa parecían hacer todo bien. Ellos habían elaborado presupuestos y puesto a funcionar sistemas, de manera que obtuvieran informes de desempeño a intervalos regulares, teniéndolos en cuenta a la hora de formular futuros planes y presupuestos de la empresa. Con el colapso de dos grandes obras viales, las pérdidas aparecieron rápidamente en los informes mensuales. A pesar de eso, los ejecutivos de la empresa no tomaron ninguna medida para subsanar el problema. “Los gerentes del proyecto dijeron que se compensarían las pérdidas, pero eso no fue lo que sucedió”, dice Cassar. “En ambas obras, la empresa sobrepasó en un 50% los costes estimados. Esto marcó el fin de sus actividades”.
El problema, sin embargo, no eran los sistemas contables. Eran los usuarios. “Nadie quería asumir la responsabilidad de lo ocurrido, porque eso acarrearía la pérdida del empleo”, dice Cassar. “Lo irónico de eso fue que, al final, todos lo perdieron”.
El estudio de Cassar le permitió evaluar si la existencia de un presupuesto y de informes internos ayudaron a otras empresas más que a su antiguo empleador. Él analizó un grupo de cerca de 4.000 empresas, todas con menos de 200 trabajadores, con base en un estudio hecho por la Oficina Australiana de Estadísticas. Los gerentes de esas empresas debían responder si habían preparado presupuestos e informes internos. Debían también suministrar proyecciones de ingresos y, en años futuros, presentar el desempeño resultante. La oficina acompañó las empresas durante cuatro años. Así, los datos mostraron hasta qué punto ellas estuvieron cerca de alcanzar las previsiones hechas.
Cassar creía que la elaboración del presupuesto o de informes internos —o, mejor aún, las dos cosas— ayudaría a mejorar las previsiones de la empresa. “La presencia, en la empresa, de una actividad de preparación del presupuesto debería tener como resultado pronósticos más precisos, ya que la obtención sistemática de una vasta gama de informaciones permitiría una evaluación más aproximada del desempeño futuro de la compañía”, observan Cassar y Brian Gibson, coautor del estudio y profesor de Contabilidad de la Universidad de Nueva Inglaterra, en Australia. “Pero, la elaboración del presupuesto por sí sólo tal vez no contribuya a una mayor exactitud de las previsiones, porque la existencia de un presupuesto sin un sistema de controles internos hace el control formal inútil”.
Cuando Cassar y Gibson analizaron los números, su pronóstico se hizo realidad: el impacto del presupuesto por sí sólo era trivial, mejorando la exactitud de las previsiones en menos del 2%. Pero la existencia de informes internos marcó una diferencia significativa, aumentando la precisión en cerca de un 8,5%. Juntas, esas dos técnicas mejoraron aún más la exactitud de los números en cerca de un 12%. “Esos resultados combinados muestran que la elaboración del informe contable interno mejora la precisión de las previsiones. Además de eso, aunque los beneficios de la precisión en la preparación del presupuesto parezcan limitados, la mejora es mayor cuando la elaboración del presupuesto y los informes de las cuentas internas son usados en conjunto”, observan Cassar y Gibson.
Además de eso, las empresas que mayor número de mejorías observaron en sus previsiones fueron las que operaban en ambientes más inciertos, según la medición hecha en conformidad con la variabilidad de los ingresos. Evidentemente, tales empresas necesitan orientación.
El segundo estudio de Cassar, titulado “¿Los individuos están volviéndose profesionales autónomos con excesivo optimismo? Una prueba empírica de los planes y proyecciones sobre las expectativas del joven emprendedor” [Are Individuals Entering Self-Employment Overly-Optimistic? An Empirical Test of Plans and Projections on Nascent Entrepreneur Expectations], se basó en el primer estudio. Aquí, Cassar no estaba interesado en saber si las herramientas contables ayudaban simplemente al emprendedor. Él quería saber de qué manera ellas contribuían a distorsionar su pensamiento.
Su curiosidad nació, en parte, de su conocimiento del campo de la psicología económica, que combina los conocimientos profundos y los métodos de la psicología y de la economía. Estudiosos del comportamiento observaron diversos casos de atajos mentales y prejuicios que pueden llevar a las personas a abandonar la lógica sugerida por la ortodoxia económica tradicional. Uno de los conceptos introducidos por el premio Nobel Daniel Kahneman y por Dan Lovallo, por ejemplo, dice que la visión “interna” distorsiona la toma de decisión. Una persona que adopte una visión interna está tan absorta en la formulación de su plan particular que acaba por negar las informaciones externas de carácter crítico, como la experiencia de otras personas en la búsqueda del mismo objetivo.
“Los individuos adquieren una visión interna previa al concentrarse en los elementos específicos del caso, en los detalles del plan existente y en los obstáculos para su materialización, y también al elaborar escenarios sobre el progreso futuro”, resume Cassar. “La visión externa, a diferencia de eso, es de carácter estadístico y comparativo, y no tiene en cuenta ningún intento de adivinar el futuro en cualquier nivel de detalles posible”.
La elaboración de proyecciones financieras para una iniciativa de riesgo, observó Cassar, implica la creación de una visión interna. El emprendedor construye una historia de éxito en su cabeza y, a continuación, la coloca en una hoja de cálculo en la que las ventas siempre crecen, año tras año. “Los seres humanos son buenos para contar historias y construir conexiones causales”, observa Cassar. “Ellos razonan de la siguiente forma: “Voy hacia la facultad, voy a montar un plan de negocios, ganaré algún dinero, después abro el capital o vendo el negocio a algún gran competidor’. Hay una probabilidad asociada a cada uno de esos pasos, pero nadie piensa en eso. Las personas juntan todos los eslabones y evalúan la posibilidad de éxito de acuerdo con un grado de probabilidad mucho mayor de lo que la realidad permite”.
Tómese como ejemplo los cerca de 400 americanos aspirantes a emprendedores estudiados por Cassar. De media, ellos creen que sus ideas tienen cerca de un 80% de oportunidades de ser correctas, aunque sólo un 50% se hagan realidad. De todos los emprendedores que materializan sus planes, cerca de un 62% sobreestimaban su primer año de ventas, y cerca de un 46% sobreestimaban la evolución del nivel de empleo a finales del primer año. El empleo, a diferencia de las ventas, implica tanto costes como beneficios, lo que tal vez explique los números modestos de puestos de trabajo creados, observa Cassar. A medida que la empresa crece, ella necesita más empleados, pero también necesita pagarlos.
Nada de eso, de momento, parece radical. Sí, los emprendedores son optimistas. Ellos tienen que serlo, porque para comenzar un nuevo negocio necesitan correr riesgos. Pero cuando Cassar comenzó a analizar el uso que los emprendedores hacían de las técnicas de contabilidad y de planificación, se encontró con algunas sorpresas.
Las personas que hacían proyecciones financieras eran las que más sobreestimaban las ventas futuras de sus iniciativas. En otras palabras, “las mismas actividades de gestión de las que dependen los emprendedores para hacer frente a las incertidumbres parecen estar llevando a los individuos a cultivar expectativas optimistas’, observa. Lo curioso es que la elaboración de un plan de negocios también tuvo como resultado un cierto optimismo respecto a la probabilidad de éxito, pero tuvo como resultado expectativas exageradamente optimistas porque estaba también “asociada de manera positiva a la posibilidad de que la actividad naciente se convirtiera en una iniciativa activa”, añade. En otras palabras, quienes elaboran planes de negocios tienen más probabilidad de fundar empresas, justificando así su optimismo.
Un grupo se mostró más realista que los demás — es decir, emprendedores que habían recibido dinero de ventas realizadas. “Eso muestra la importancia de las ventas concretas para la mejora de la racionalidad de las expectativas de ventas financieras”, observa Cassar.
A pesar de sus descubrimientos, Cassar no cree que el aspirante a emprendedor deba abandonar las proyecciones financieras. Esto es así porque los inversores, principalmente las firmas de capital riesgo, no permitirían tal cosa. Ellos esperan que las empresas en las que invierten hagan proyecciones, porque eso, aunque no sirva para nada, muestra que hay un dominio de los elementos básicos de la formulación de presupuestos y de técnicas contables. Por otro lado, Cassar cree que preparar las proyecciones ayuda a los emprendedores a comprender lo que lleva a la rentabilidad en su negocio y la dinámica de su industria.
Pero, él dice que el emprendedor necesita entender las formas por las cuáles las herramientas contables pueden alterar su pensamiento. “Entender de qué forma las prácticas de gestión influencian las expectativas permitirá a los responsables de la toma de decisiones usar los controles de la empresa o de toma de decisión para atenuar esa influencia”, observa. “Por ejemplo, proponer razones por las cuáles el resultado planeado tal vez no sea alcanzado, o relacionar de forma consciente las experiencias pasadas a la tarea de previsión que tiene entre manos son estrategias que los individuos pueden utilizar para reducir la ocurrencia de pronósticos extremadamente optimistas o confiados”.
Cassar no los estudió, pero cree que los fondos de capital riesgo parecen estar mejor preparados que el emprendedor a la hora de analizar las proyecciones financieras con el debido escepticismo. Como tienen la oportunidad de analizar centenares, tal vez miles, de planes de negocios todos los años, su visión del asunto es generalmente del que está fuera.
“Buenos inversores de capital riesgo saben escoger vencedores porque conocen los riesgos”, dice Cassar. “Muchos de ellos, cuando evalúan un plan de negocios, piensan de la siguiente forma: ‘Cuáles son los generadores de creación de valor y cuál es el objetivo de aquello que tiene de positivo? ¿Cuáles son las principales amenazas a las que el emprendedor no prestó atención porque simplemente no era de su interés hacerlo?”
Con base a su experiencia, Cassar identifica numerosos beneficios derivados de la utilización de técnicas contables. Pero, añade, “es importante reconocer que las proyecciones financieras de éxito no pasan de meras estimaciones basadas en creencias, que están a veces basadas en presuposiciones con un grado de confianza o de optimismo extremadamente exagerado. La utilización de esas herramientas contables puede, en realidad, exacerbar, en vez de atenuar, tales tendencias”.
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