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La multinacional Hasbro anunció el inicio de sus operaciones en el Perú. El público votará para elegir qué sitios de su preferencia se incluirán en el tablero de juegos
La transnacional de juguetes Hasbro, propietaria del popular juego de mesa Monopolio, anunció el inicio de sus operaciones en el Perú. Como parte de esta apertura, la firma lanzará una versión peruana de Monopolio, con un tablero que incluirá imágenes de los destinos turísticos de nuestro país.
Prom-Perú, ente promotor del turismo, será el encargado de elegir 60 imágenes de las localidades más destacadas. A partir del 11 de marzo las imágenes serán colgadas en la página web www.monopolyperu.com para que el público vote a favor de las que consideren más importantes. De los 60 lugares, solo 22 ilustrarán el llamado Monopolio: Edición Peruana.
Hasbro ha lanzado esta misma iniciativa en países como Estados Unidos, Alemania, Francia, España, Chile, China, entre otros. Augusto Brambilla, vicepresidente y gerente general para Latinoamérica de Hasbro, señala que el producto estará listo para el último trimestre del año.
Aún no se ha determinado el número de ejemplares que se lanzarán, pero no será una edición limitada ni se descartan segundas o terceras ediciones. Este Monopolio competirá en el mercado con su versión clásica.
Competencia se da solo en el 1% de principios activos, dijo Digemid. Indecopi evaluará si esta concentración dificulta acceso a medicinas
Solo el 1% de los medicamentos que se venden en el mercado privado es comercializado por más de cuatro laboratorios, revela un estudio elaborado por la Dirección General de Medicamentos, Insumos y Drogas (Digemid), sobre la concentración en la industria farmacéutica.
La investigación, que aún se encuentra en su fase preliminar, señala además que de las 1.681 moléculas que se registraron en el mercado peruano durante el 2009, un 65% lo comercializó un solo laboratorio. Es decir, en el Perú predominaría el monopolio.
Felipe Carrasco, economista que encabeza el grupo de técnicos de la Digemid, encargado de la realización de este estudio, explicó que la alta concentración se da a pesar de que existe una cantidad importante de laboratorios que pueden fabricar una misma molécula.
Por ejemplo, en el mercado peruano existen 28 variedades de naproxeno (antiinflamatorio) que son fabricados por 23 laboratorios. No obstante, si uno recurre a la data del IMS (entidad que brinda información estadística de la industria) observará —dice Carrasco— que hay un laboratorio que concentra más del 71% de las ventas de esa molécula o medicamento. “La percepción puede ser de que hay una gran competencia producto de la oferta y la demanda. Sin embargo, existen casos en los que la venta la concentra un laboratorio líder”, explicó.
¿Pero por qué a la Digemid le interesa efectuar un estudio sobre concentración? Pedro Yarasca, director ejecutivo de la Digemid, aclara que no buscan fijar precios. “Al Estado le interesa analizar lo que sucede en el mercado farmacéutico, porque eso nos permitirá saber si los precios que se observan son consecuencia de la oferta y la demanda, o de un abuso en la posición de dominio, o una mala práctica que puede estar evitando que un grupo de peruanos, sobre todo los más pobres, acceda a un tratamiento”, explicó.
Carrasco reveló que no solo se han detectado casos de monopolios. El estudio, realizado entre noviembre y diciembre del año pasado, encontró, además, que un 34% de las moléculas (569 en total) que se ofertan en el mercado es comercializado por dos o tres laboratorios que fabrican el genérico (la copia del innovador) y distintas presentaciones de un genérico de marca. El ejecutivo descartó que esta concentración se deba a la vigencia de patentes. “Esta puede ser producto de una agresiva campaña comercial o de fidelización, pero no un tema de patentes, pues la mayoría de las que han sido otorgadas por el Gobierno Peruano ya habrían expirado”, refirió.
Para llegar a esta conclusión se utilizó un índice de carácter internacional, conocido como Herfindal y Hirschman, que permite medir la concentración en un determinado mercado, en este caso el farmacéutico.
PLANTEARÁN SALIDAS Yarasca reconoció que el monopolio y oligopolio no son malos, al menos —claro está— que estos deriven en un abuso que pueda afectar los intereses del consumidor. En tal sentido, señaló que este viernes se reunirán con funcionarios de la Gerencia de Estudios Económicos y de la Oficina de Protección al Consumidor del Indecopi. “El objetivo es trabajar conjuntamente con esta entidad, que tiene competencia en estos temas; analice la información y determine si la alta concentración puede estar dificultando el acceso de más peruanos a los medicamentos”, sostuvo.
Si se encuentra alguna irregularidad —añadió Felipe Carrasco, economista de la Digemid— el Estado impulsará iniciativas para promover la competencia y políticas que contribuyan a mejorar el acceso de la población a este mercado.
“Las alternativas pueden ser desde las importaciones paralelas hasta impulsar medidas para la producción de más genéricos”, dijo.
Alafarpe: Digemid debe preocuparse por la calidad Augusto Rey, director ejecutivo de la Asociación Nacional de Laboratorios Farmacéuticos (Alafarpe), señaló que no tienen conocimiento del estudio que viene realizando la Digemid.
No obstante, precisó que la función de la Digemid es velar por la calidad de los medicamentos. “Ellos no deben preocuparse por la concentración, porque no es su trabajo. Su función es velar que lo que se comercializa en el mercado sea de calidad”, afirmó. Agregó que de comprobarse casos de concentración indebida, debería estudiarse las razones de esta. “No toda concentración es mala, el tema debe analizarse con cuidado”, dijo.
Este Diario buscó recoger la opinión de los representantes de la Asociación de Industrias Farmacéuticas Nacionales (Adifan), pero su presidente, Luis Caballero, se hallaba fuera de Lima.
Los mexicanos le declararon la guerra a los monopolios, consumidores que junto a la Comisión Federal de Competencia (CFC) están decididos a tomar acciones. Pero no será fácil arrancarle el poder a las cerca de 400 empresas que controlan la economía.
Industrias como la de telecomunicaciones, la cementera y la farmacéutica, así como otras tan relacionadas a la mesa de los mexicanos como la de harina de maíz, el pan, los refrescos, el agua, la cerveza, el pollo o los huevos, han sido durante años dominadas en México por monopolios y oligopolios que se han fortalecido a pesar de que la Constitución los prohíbe, imperios que han incurrido en prácticas anticompetitivas que repercuten en el bolsillo de consumidores que hoy, respaldados por diversas organizaciones, parecen decir ¡ya basta! “Si hubiera competencia en por lo menos siete mercados de productos básicos, los precios bajarían, de tal manera, que sería equivalente a incrementar en 7% los ingresos de la población más pobre del país”, dice Eduardo Perez Mota, presidente de la Comisión Federal de Competencia (CFC), por lo que con el fin de exigir al gobierno mayores sanciones y una mejor regulación antimonopólica, organizaciones como Oxfam-México, el Poder del Consumidor y el Barzón, junto con grupos de consumidores y asociaciones ciudadanas, acaban de constituir un nuevo movimiento nacional. “Buscamos homologar las medidas que se están tomando en el resto de los países. Es de broma que en México la multa más alta por incurrir en una práctica antimonopólica sea de 84 millones de pesos, mientras que en otros países se les sanciona con 10% de las ventas totales e inclusive con cárcel”, dice Alfonso Ramírez Cuellar, presidente de Barzón. “Otra de nuestras grandes luchas es permitir las acciones colectivas, como sucede en Brasil, Colombia, Uruguay y El Salvador”, dice María Dolores Rojas Rubio, coordinadora de Oxfam-México, y es que a diferencia de lo que sucede en otros países, los mexicanos están menos organizados y cuentan con escasa protección, ya que poseen menos derechos. “En México existe monopolio hasta para ejercer acciones colectivas, y lo tiene la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) y, por ende, la cantidad de acciones colectivas son limitadas. Esto repercute directamente en la competitividad”, dice Manuel J. Molano Ruiz, del Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO). Si bien estas organizaciones no garantizan un cambio en el corto plazo, son sin duda un paso hacia delante en materia de competencia. “Es un proceso que no sé si se vaya a dar en esta legislatura, pero el hecho de que los consumidores se organicen presiona al Congreso, que empieza a percibir las exigencias de quienes los eligieron”, asegura Perez Mota, de la CFC.