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domingo, 25 de enero de 2009

Colombia: Se despierta el negocio del descanso

Con la entrada de la chilena Rosena a Colombia se genera un nuevo escenario de competencia en artículos de lencería. Colchones y almohadas tendrán el mayor dinamismo.


El anuncio hecho a finales de 2008 por el grupo chileno Rosen de invertir US$7 millones (unos $14.000 millones) para abrir operaciones en Colombia, sumado al proyecto de montar una fábrica para producir colchones, almohadas y productos de lencería en el país, tiene en vilo a quienes compiten en este mercado, pues si bien consideran que la entrada de nuevos jugadores servirá para dinamizar la categoría, tienen claro que deben ser competitivos para cumplir con las metas de ventas para 2009.

Rosen, creada en Chile en 1958, es una de las más grandes productoras y distribuidoras de colchones, almohadas y lencería de su país y también ha logrado una importante penetración en Argentina y Perú, países en los que incursionó hace más de 14 años. En Colombia competirá en el segmento de colchones con Spring, Dormi Luna, Comodísimos, El Dorado, Romance Relax y Americana de Colchones, entre otras marcas que manejan también una oferta complementaria de productos relacionados con el descanso. También se disputará el mercado de lencería con firmas especializadas como Distrihogar, Brissa, Finolino y Closet de linos; y con grandes cadenas del comercio como Falabella, Tres Elefantes, Carrefour, Éxito, Olímpica, Cafam, Colsubsidio, Homecenter, Home Sentry e Easy, en las cuales se comercializa el 85% de los tendidos de cama, toallas y ropa del hogar, según cálculos de Fenalco con base en el reporte de las compañías.

Para Gonzalo Navarro, presidente de Distrihogar, "Rosen no deja de ser una amenaza para los negocios del descanso en Colombia. Tienen buenos productos y un concepto de exhibición muy atractivo", dice. Sin embargo, considera que la llegada de este competidor se convierte en una oportunidad para dinamizar la categoría y hacer nuevos negocios. No en vano Distrihogar ha tenido acercamientos desde hace más de un año con Rosen. "Queremos convertirnos en proveedores de almohadas de Rosen y ellos también se han mostrado interesados en vender sus colchones en nuestras tiendas, hecho que no descartamos a pesar de que nunca hemos tenido este tipo de oferta en nuestras tiendas", sostiene Navarro.

El escenario

Rosen aspira a facturar alrededor de US$15 millones (unos $30.000 millones) en Colombia para el año 2013. "Una aspiración lógica si se tiene en cuenta que algunas de las empresas formales de colchones facturan entre US$20 y US$30 millones ($40.000 a $60.000 millones)", sostiene Roberto Palma, gerente de Rosen para Perú y encargado de abrir las operaciones en el país.

Para lograrlo, además de la apertura de cinco nuevas tiendas a las dos que ya tiene, sino que buscará nuevos canales de distribución a través de alianzas como la que tiene con Falabella. La proyección de Palma es abrir más de 150 puntos de venta dentro de las grandes superficies.

Con más de $1.200 millones de presupuesto publicitario, Rosen desarrollará una campaña de comunicación enfocada a los consumidores del segmento alto y continuará posicionando la marca en el país

Entre tanto, empresas como Colchones Spring, Distrihogar, Brissa y Closet de Linos, entre muchas otras, se venían preparando desde 2008 para recibir a la competencia y este año estarán muy dinámicas para hacer más presencia con sus marcas.

Por ejemplo, Colchones Spring, que vende cerca de $52.000 millones anuales, ejecutó el año pasado inversiones por US$7 millones como parte de su proceso de expansión y remató 2008 con una alianza estratégica con el diseñador Hernán Zajar para elevar la oferta de sus colchones, almohadas, edredones y tendidos de cama.

Pero si bien el fuerte de Rosen son los colchones, donde Spring es uno de los más grandes jugadores, la chilena va por una fuerte tajada del segmento de almohadas y tendidos para cama, donde Brissa, Distrihogar y los supermercados tienen las mayores participaciones. En esta categoría Rosen estima una facturación de más de $10.500 millones para 2013, es decir el 35% del total de la facturación proyectada.

Distrihogar, que comercializa entre 2,5 y 3 millones de unidades de almohadas al año, considera que en este segmento hay suficiente espacio para nuevos competidores. "Tenemos el 12% del mercado potencial de almohadas y esta es la categoría que más crece", dice Navarro.

Por su parte, Distrihogar tiene un plan de inversiones por $400 millones para hacerle frente a la competencia este año con diversas actividades de publicidad y mercadeo. Además, comenzará un agresivo plan de expansión por franquicias para hacer más visible la marca. Navarro proyecta la primera tienda franquiciada a principios de febrero y espera abrir tres más a lo largo de 2009.

Moda Nova, que está presente hace 15 años con la marca Brissa, abrió el año pasado operaciones en Cartagena y Montería, con lo cual completa una red de más de 20 almacenes especializados en el país. También creó el formato Closet de linos, dirigido a los segmentos altos y tiene un claro manejo de inventarios para determinar cómo y cuándo debe hacer la rotación de las mercancías. Esta organización le permitió aumentar las ventas en un 9,5% en 2007 alcanzando una facturación de $39.000 millones según el ranking de las 5.000 empresas más grandes que hace la revista Dinero.

En su mayoría, estas empresas son proveedoras de las grandes superficies, tienen tiendas propias y también se mueven en el mercado institucional. La innovación será el común denominador de sus planes para 2009 y aunque no será un año fácil, están dispuestas a competir con todo.

www.dinero.com

sábado, 10 de enero de 2009

Una fortuna bajo el colchón

Fue por culpa de la crisis que Juan Rosenberg -creador de Colchones Rosen- decidió volver a la vicepresidencia de la firma. Aunque las ventas han bajado 40% en los últimos meses, los planes de internacionalización y apertura a Bolsa se mantienen. No es casualidad: la aventura que comenzó con la producción de dos colchones y un trabajador se ha transformado en un negocio que vende 360 mil unidades anuales, cuenta con más de 1.500 trabajadores y facturó US$ 84 millones el 2008. Aquí, el empresario rememora medio siglo de la compañía.
Por Paula Comandari
Foto Maglio Pérez

El 2008 fue un año especial para Juan Rosenberg, el hombre que hizo del descanso un imperio económico. Hace unos pocos meses celebró con un almuerzo que convocó a cerca de 2.000 personas el aniversario número 50 de su compañía, Rosen, líder indiscutible en el mercado de los colchones y productos "para el buen dormir".

Dice que hoy, a sus 83 años, tiene otra razón por la que celebrar: en noviembre pasado recibió junto a su hermano José -con quien fundó la compañía- el premio "Hernán Briones al Emprendedor 2008". Y eso lo tiene bien. "Estoy contento porque este tipo de reconocimiento no se lo dan a cualquiera. Me enorgullece el haber realizado mi sueño con creces. Nunca nos imaginamos que nuestra empresa llegaría a nivel internacional", afirma Juan Rosenberg, un hombre solitario, que durante su vida ha mantenido un estricto bajo perfil y quien aquí rememora su historia: creó su "imperio" sin capital alguno -$15 mil de la época-, un trabajador y produciendo dos colchones al día, cosidos completamente a mano y con un simple alicates, en la misma mesa donde comía con su familia.

Un panorama radicalmente opuesto al actual: Rosen vende 360 mil colchones anuales, tiene más de 1.500 empleados y el 2008 facturó cerca de US$ 84 millones, exportando a Ecuador, Bolivia, Uruguay, Colombia, Argentina y Perú. En estos dos últimos países tiene además producción propia.

Con el negocio funcionando sobre ruedas, hace dos años Rosenberg decidió retirarse y dejar la vicepresidencia de la compañía. Quería descansar y dedicarse de lleno a sus memorias, las que comenzó a escribir en su refugio en Algarrobo. En su reemplazo asumió Mauricio, su hijo mayor.

Pero la crisis financiera mundial revocó sus planes. "Por algo estoy de nuevo aquí. Hay que poner toda la fuerza para encarar la difícil situación a la que hoy estamos enfrentados", dice desde su sencilla oficina colmada de papeles, carpetas, una gran fotografía de su infancia, otras pocas de su familia y una pequeña televisión que prende tarde, mal y nunca.

Pese a los malos tiempos -las ventas de la empresa se han reducido cerca del 40% desde septiembre-, Rosenberg asegura que los planes trazados se concretarán. Aunque tomarán más tiempo de lo presupuestado. Se refiere principalmente a la tan anhelada internacionalización, para la cual hace algunos meses decidió implementar un plan de inversiones por US$ 15 millones con el fin de duplicar el valor de la compañía en tres años, hasta los US$ 350 millones.

"Tuvimos que pararlo. Si esta crisis no hubiera llegado ya estaríamos produciendo en Colombia. Hoy sólo tenemos dos tiendas en ese país y no he podido comprar las tierras que en un momento tuve en mente. Lamentablemente estamos bastante stand by, a la espera de lo que ocurra en el mundo", explica Rosenberg, quien de todas formas reasumirá la vicepresidencia, mientras que su hijo Mauricio, dice, se hará cargo de la gerencia internacional, con miras a afinar juntos la estrategia que busca instalar definitivamente a Rosen en América.

Algo similar ocurrirá con las intenciones familiares de abrir la compañía a la Bolsa. Hoy, afirma Rosenberg, no es negocio hacerlo. Pero están pavimentando el camino para lo que, según él, debiera ocurrir en uno o dos años. "Esa es la idea, aunque obviamente debemos ir más despacio de lo que quisiéramos. Aunque con ese fin incorporamos a Francisco Armanet, ex gerente general de Banchile Corredores de Bolsa, a nuestro directorio. Es primera vez que incluimos a un externo de la familia para que con sus conocimientos nos ayude en ese proceso".

Su infancia pobre

Juan Rosenberg no terminó el colegio, pero fue allí donde comenzó a desarrollar su veta empresarial. Su niñez la vivió en Angol, en donde su padre, Bernardo Rosenberg, aterrizó luego de dejar Rumania, tras la invasión rusa. Pasó primero por Estados Unidos, Brasil y Argentina, pero su plan real era instalarse en el sur del planeta.

Apenas llegó a Angol compró una carreta y un caballo para ofrecer mercancía a la gente. "Era un semanero, el trabajo que desempeñaron todos los judíos para salir adelante. Compraba productos que la gente necesitaba y cada lunes puntualmente los entregaba, cobrando un interés", recuerda Rosenberg.

Durante ese tiempo las cosas funcionaron bien: Rosenberg padre abrió "la Besarabia", una tienda cuyo eslogan era "Aquí usted puede encontrar de todo", desde comida y muebles hasta herramientas, juguetes y licores.

En ese periodo surgió la sociedad con los hermanos Nasal, a través de la cual se transformaron en controladores de dos hoteles: el Savoy y el France, ambos ubicados en Angol y que fueron siempre administrados por Rosenberg, quien se instaló en este último con sus nueve hijos.

Todo iba bien, hasta que en 1936 Rosenberg padre murió repentinamente. Juan, su quinto hijo, tenía sólo 10 años. Entonces la familia vivió de los negocios dejados por el patriarca: además de los hoteles, creó una fábrica de muebles, una joyería y una relojería. Sin embargo, el terremoto de 1939 los dejó sin nada. "Tuve que rescatar a mis hermanos de la casa, y todos los negocios de mi padre quedaron en el suelo", recuerda Rosenberg.

Fue cuando debió trasladarse a Valdivia: el liceo en Angol quedó en ruinas y la única manera de continuar sus estudios era en esa ciudad, al alero de uno de los amigos que llegaron con su padre desde Rumania.

Su primer negocio lo gestó en el colegio: se transformó en "prestamista" de sus compañeros, quienes a cambio de dinero le dejaban productos en prenda. "Sólo me limitaba a pedir algún objeto de valor equivalente al monto del dinero solicitado. Pero el director se enteró y me obligó a paralizar mi iniciativa. Aunque nunca gané nada, me sirvió para entender cómo funcionaba un negocio", cuenta Rosenberg.

La lección más importante de su vida, dice, vino en ese tiempo. "Me acerqué al amigo de mi padre y le dije que las cosas andaban mal y que ya no tenía dinero para enviarle a mi familia. Él me contestó: 'hijo, no te voy a dar dinero, conmigo tienes casa y comida; pero si quieres plata, allí está mi fábrica de muebles, ve y trabaja, inventa algo y así podrás obtener tu dinero'", recuerda Rosenberg en sus memorias.

Así se tiró al agua. Al mismo tiempo que estudiaba se metió de lleno en la fábrica: creó todo tipo de juguetes, desde pequeños autos y carretas. Pero lo que causó mayor furor fueron "unas maletas de madera que diseñé para que los basquetbolistas dejaran de trasladar sus tenidas envueltas en diario", agrega.

Aunque juntó un poco de dinero, no fue suficiente. Pese a que uno de sus profesores en el Liceo de Hombres de Valdivia le gestionó una beca de estudios en la Liga de Estudiantes Pobres, Juan Rosenberg decidió dejarla pasar. "Mi familia requería de mi ayuda. Debía comenzar a trabajar en serio", dice.

¿Símbolo del fracaso?

Su primer "trabajo real" fue en la Maestranza de Ferrocarriles del Estado: a cargo del aseo de los carros; fue vendedor de la Siemens Shuker, una tienda alemana de artículos eléctricos y se desempeñó como encargado de recibir y ordenar los cueros que traían los vendedores a la Fábrica de Calzados Rudloff Hermanos.

Pero fue en 1942 cuando Rosenberg comenzó a forjar verdaderamente su destino. Justo cuando iba a entrar como junior al Banco de Chile, la empresa internacional The Sydney Rooss Company -laboratorio dedicado a la comercialización de fármacos como Mejoral y Aliviol- lo contrató como "afichador": encargado de pegar afiches en las ciudades, para publicitar los productos. "La experiencia fue desvastadora. De un día para otro me vi vestido de overol, con un tarro de engrudo y una brocha en mano, enfrentado a todos mis ex compañeros y a sus padres que veían en mí el símbolo del fracaso", recuerda Rosenberg.

No se echó a morir. Literalmente empapeló ciudades con afiches y aprendió una gran enseñanza: "Que la publicidad es la que levanta las ventas y que un empresario que confunde la inversión en publicidad con gasto, jamás llegará a triunfar", dice.
En poco tiempo, pasó a ser "bolichador", cuya tarea era recorrer almacenes ofreciendo la mercancía. Comenzó a abultar su red de contactos. Fue ascendiendo, hasta que pasó de "vendedor infantil" a vendedor jefe, a cargo de mucha gente. Tenía entonces sólo 22 años. "En los innumerables viajes que me tocó realizar para vender los medicamentos me di cuenta que los hoteles y pensiones no contaban con buenas camas. En cambio, sólo ofrecían colchones de mala calidad. Por tanto, había ahí un interesante campo de explotación comercial", afirma.

Fue el preámbulo de la exitosa aventura empresarial: Rosen, la primera en ofrecer camas box spring en Chile -la más barata cuesta cerca de $ 200 mil, la más cara alrededor de $ 800 mil-, cuenta con 13 tiendas en todo el país, y ha llegado a facturar US$ 150 millones en sus mejores tiempos.

Entretelones de un negocio

En la residencial Lener, en el cuarto piso de un edificio en el centro de Santiago, Juan Rosenberg y su hermano José -ocho años menor que él- fraguaron el negocio. El primero planteó la idea de arreglar colchones. El segundo decretó que el nicho estaba en hacerlos.

José, entonces oficial de la Fuerza Aérea de Chile, dejó su cargo y junto a Juan se trasladaron a Angol. Era abril de 1958. Allí, en el patio de la casa de su madre, nació la fábrica de colchones de la nueva firma bautizada como Rosenberg Hermanos. Medía 8 metros cuadrados.

Los resortes los hacían a mano, doblando alambres de acero. El relleno también se preparaba a mano. Con la ayuda de su madre, su hermana, y una empleada, los Rosenberg producían dos colchones diarios. Eran poco más de 40 unidades al mes, los que Juan Rosenberg comercializaba en todo el sur de Chile.

El primer año vendieron 300 colchones. El segundo, 1.500 unidades, y los trabajadores fueron aumentando. Uno de ellos fue el abuelo del jugador Marcelo Salas, quien como muestra de agradecimiento prometió a la familia -hace más de 60 años- bautizar a su primer hijo con el nombre de Rosenberg. Es por ello que el padre del "Matador" se llama Rosenberg Salas. "A toda esa familia la conocemos desde que éramos chicos", dice Juan Rosenberg.

La empresa creció aceleradamente y los hermanos decidieron viajar al extranjero para buscar nuevas tecnologías que les permitieran producir buenos colchones. "Conocimos en México a un empresario que nos dio la tónica del éxito. Si queríamos hacer colchones nos teníamos que diferenciar y producir con calidad", explica el empresario.

Después desembarcaron en Estados Unidos, Suiza y Alemania, en donde estuvieron casi dos meses. "El empresario europeo y norteamericano practicaba la cultura de la confianza. Recibimos créditos y adquirimos maquinaria moderna sin contar con los recursos económicos. En aquellos tiempos bastaba con nuestra palabra", dice Rosenberg.

Hasta que a fines de los 50 con la operación funcionando, José Rosenberg se asentó en Temuco -donde hasta hoy tienen la fábrica- y Juan decidió comandar el negocio en Santiago, donde se encuentra la gerencia. "Porque Dios está en todas partes, pero atiende en Santiago", agrega.

En la capital, los hermanos compraron su primer local, ubicado en Irarrázaval 1710. En el lugar, Rosenberg instaló su oficina y una tienda de colchones.

Pero el aterrizaje no fue fácil. "El posicionamiento fue difícil, porque la competencia era fuerte y nosotros no éramos conocidos aquí", dice Juan.

Cuando en los 70 lograron reunir unos US$ 40 mil en sus bolsillos, el gobierno de la Unidad Popular intervino la compañía. "Perdimos todo", dice el empresario.

Rosen chic

Hoy Rosen es la mayor compañía chilena de colchones, la cual ha diversificado su negocio a productos complementarios: sábanas, frazadas y muebles, que aportan al negocio el 15% de las ventas.

Pero no ha sido expedito el camino que han debido recorrer los hermanos: a mediados de los 70 tuvieron que limar las desconfianzas generadas después de la intervención de la firma. Incluso, cuentan que los ex ministros Juan Carlos Délano y Carlos Cáceres tuvieron que acercarse a ellos como muestra de que "el gobierno estaba allí para apoyarlos".

- ¿Tuvo además relación con Augusto Pinochet?
- Con mi tío, claro. Así le decía yo. Tenemos varias fotos juntos. Él inauguró nuestra gran fábrica en Temuco. Una vez me dijo que si necesitaba hacer algo grande, que no dudara en pedirle ayuda. Aunque nunca le pedí un favor.

En 1978 se produjo el primer gran hito de Rosen: inauguraron su tienda en Apoquindo con La Macarena. Era la primera vez en Chile que los colchones se exhibían en una amplia tienda de 80 metros y con un toque de decoración. La idea del Dormicentro la trajo Mauricio Rosenberg desde Estados Unidos, después de estudiar un máster allá.

Luego abrieron nuevos locales hasta que inauguraron un espacio en el Parque Arauco, apenas el centro comercial abrió sus puertas, a comienzos de los 80. "Fuimos los primeros del rubro en tener un lugar allí. Fue un gran hito porque entonces el mall nos dio un espacio de 200 metros cuadrados para exhibir nuestros productos. Era como el sueño del pibe que nos permitieran hacerlo, porque hasta entonces eso era impensable para una colchonería. Logramos sorprender al público, que no estaba habituado a mirar y tocar los colchones que adquiría", recuerda orgulloso Rosenberg.

El negocio prosperó aún más durante los últimos años. Por ello, en una de las frecuentes reuniones familiares donde se junta toda la familia decidieron dar un nuevo golpe: abrir una tienda full design en plena Nueva Costanera con Alonso de Córdova, cuestión que hicieron hace un poco más de dos años. Allí arriendan el espacio, en el cual invirtieron cerca de $ 300 millones para dejarlo ad hoc a sus objetivos. "Pensamos que era necesario llegar a un público específico que no va a los malls y que está dispuesto a pagar más por una mejor atención y por asesorías de decoración". De paso, se posicionaron entre las cotizadas tiendas de diseño de barrio.

Desde entonces, dice Rosenberg, comenzaron a importar exclusivos muebles italianos que sólo se venden en ese local, donde un sofá puede llegar a costar $4 millones con facilidad. Hace tres años, además, lanzaron al mercado el concepto de Rosen The Store cuando abrieron sus puertas en el piso de diseño del Parque Arauco para catapultarse como una compañía de "colchones premium".

Con esa vitrina, en marzo del 2008, los fondos de inversión Linzor Capital y Sur Capital Partners intentaron comprar parte de la compañía, que entonces fue avaluada en cerca de US$ 160 millones. Mientras que desde los fondos aseguran que no recibieron ninguna explicación de por qué los Rosenberg decidieron no cerrar el negocio, la familia asegura que "a último minuto los fondos bajaron el precio de compra" y que ellos no estuvieron dispuestos a ceder. "Nos percatamos que podíamos crecer solos", dicen.

Actualmente los hermanos Rosenberg negocian la compra de la fábrica de muebles Glover -de propiedad de las hijas de José- para ampliar su gama de productos a todo el mobiliario de dormitorio y comedor. Además, Juan sigue a la espera de cumplir su último sueño: trasladar la fábrica desde Temuco a Santiago. Aunque todo indica que la iniciativa se concretaría de a poco, pues implica alrededor de US$ 200 millones.

Mientras tanto, el empresario está ad portas de cumplir una idea que le viene dando vueltas hace bastante tiempo: publicar las

memorias de su exitosa historia.

www.quepasa.cl

sábado, 26 de enero de 2008

Rosen firma acuerdo con Linzor y Sur Capital Partners

Jueves, 24 de Enero de 2008
Economía y Negocios
A. González, F. Castillo y C. Hola

Operación se cerrará en 60 días. Con el ingreso de los fondos, la estrategia de la empresa se centrará en la expansión regional.
El lunes la tradicional fábrica de colchones Rosen selló su salto a las ligas mayores. A eso de las 16 horas, en las oficinas del estudio Cariola Diez y Pérez Cotazos, sus máximos representantes firmaron un acuerdo vinculante con los fondos de inversión Linzor Capital y Sur Capital, por el que éstos ingresarán con el 30% de participación, cada uno, a la compañía, la que desde su fundación en 1958 ha estado en manos de la familia Rosenberg. Este grupo conservará el 40% de la propiedad y su permanencia en la gestión, en una operación cuyo cierre será en unos 60 días.

La transacción -cuyo monto se mantuvo en reserva y en la que participó IB Partners y el estudio Barros y Errázuriz por la familia Rosenberg y el estudio Cariola por los fondos- es el inicio de un plan de crecimiento explosivo a nivel regional para Rosen. "El capital expertise administrativo y financiero, y la red de contactos que aportarán los nuevos socios permitirán seguir expandiendo la empresa. Esperamos consolidarnos como la empresa líder en Latinoamérica", dijo el presidente de la firma, José Rosenberg.

A su turno, Tim Purcell, socio fundador de Linzor Capital, dijo que están "muy entusiasmados". "Estamos seguros de que junto a ellos podremos replicar este éxito en otros países", acotó. Mientras, Ignacio Cosentino, su homólogo de Sur Capital, planteó que Rosen está en una "excelente posición para aprovechar el crecimiento que está viviendo la región, especialmente Perú y Colombia" y aprovechar la relación con los principales retailers chilenos.

El salto

Hace dos años que Rosen, asesorada por IB Partners -banco que contactó a los fondos de inversión-, estaba buscando opciones de crecimiento, incluida la alternativa de salir a Bolsa. Pero la firma optó por esta etapa previa, donde con socios buscará crecer y multiplicar tamaño antes de su debut bursátil, para el que no hay fecha planeada.

El plan de expansión regional incluye, además de los nuevos mercados como Colombia, fortalecer sus operaciones existentes en Perú, Argentina y Uruguay, además de Chile. Y también diversificar los negocios.

Por el momento no se esperan cambios directivos -la presidencia está en manos de José Rosenberg-, aunque es posible un cambio en la gerencia general, hoy a cargo de su sobrino Mauricio Rosenberg, la que podría ser ocupada por el actual gerente de planificación de la compañía.

Los nuevos "partners"

Además de la inversión en Rosen, Linzor Capital se mantiene activo en la compra de participaciones en empresas. Las últimas transacciones del fondo de inversión liderado por Tim Purcell, Carlos Ingham y Alfredo Irigoin, todos ex altos ejecutivos de JP Morgan, van desde adquirir el 85% del Cine Hoyts en Chile, Argentina, Brasil y Uruguay, a mediados del año pasado, hasta tomar el control de Isapre ING -que pasará a ser Cruz Blanca- hace un par de semanas, junto al grupo Said.

Ingham fue presidente para el cono sur de JP Morgan, el tercer mayor banco de inversión estadounidense. Además, asesoró la fusión entre D&S y Falabella. Purcell fue director de JP Morgan para América Latina tras la fusión de JP Morgan y Chase, e Irigoin lideró JP Morgan en Chile. Linzor ha invertido cerca de US$ 180 millones en compañías del sector industrial, de servicios y retail de la región.

Sur Capitals Partners tiene su base operacional en Argentina, lo lideran Patricio Gómez Sabaini e Ignacio Cosentino, ex ejecutivos de inversiones de GE Capitals. En Chile participan en Integramédica y el rubro sanitario.

www.economiaynegocios.cl